domingo, 30 de abril de 2017

Día 1075: Departamento de datos

Una serie de impresiones básicas para entenderme. Volví roto del más allá. Nadie me comunicó la mala noticia. Los dientes muerden en lo negro del punto de no retorno. Así lo único y múltiple, paraíso y semejanza. El disfrute más desprovisto de fiesta. No existe nada mejor que la catástrofe.
Voy a pedir la cuenta. Quiero hacerme cargo del enchastre. Ese monumento no se va a mover más. Estará para siempre unido a una espiral coagulada de la vida. Un momento más. En los desperdicios nos encontramos. Sellar la ventaja con los movimientos.
Saber que el misterio es, al momento de contar, otra estadística inútil. El miedo al decir lo otro. Una desaparición pactada. La foto marchita que espera y se congela. Espera cobrar impulso aunque congelada no haya quien la dejemos.

sábado, 29 de abril de 2017

Día 1074: Resurrecciones

No prediquen con el ejemplo. Vamos a ser todo lo malo que deseemos. Patear el tacho, prender fuego al insolente. No me importa. Somos un número cero pintado de paria. Qué se yo, hay tanta inconstancia en mi predicamento. Somos los pocos que sobrevivieron. Una legión reducida. Aturdan al silencio. No vean lo mal que nos comportamos. Hay demasiadas cosas que necesitan justificadas, tanta injusticia en el mundo. No me parece. No es el momento. Deliren mis esperanzas en puntos y rayas de código Morse. Tilden el punto. Nos vamos hoy. A desaparecer se ha dicho. No busquen un mejor panorama.
Desistí y es suficiente. No hay más del libre albedrío del que fuimos parte. No es un simulacro. Retornaremos muertos. Y cadáveres seremos. Y tan invencibles como pocos. Renaceremos.

viernes, 28 de abril de 2017

Día 1073: Manotazo

No puedo resignarme así de fácil. Tengo que ser algo mejor porque otra no queda. Contentarme con lo dado, con el abandono y a lo que salga. Tanto espíritu partido puede desviar el foco de la atención. No van a mirar para acá. No digan que la premisa debe ser cierta. Mueren los caballos al sol y nadie pregunta por ellos.
El aforo de los eventos más codiciados, en eso nos sumergimos. No hay situaciones ideales, todos nacemos desajustados. Un quiebre en el balance, en la norma. No apuesten a una causa perdida. Yo soy el culpable. Disparen. Hagan fuego de mi error.
Morir debe ser el remedio a la causa. Con mi vida, con las cenizas de algo distinto a mí, con eso que construyan el palacio. Les diré una mentira y otra verdad, y las dos serán falsas. No acabaré siendo mi retrato. No. Es lo que no soy.

jueves, 27 de abril de 2017

Día 1072: Días de caza

Observaré como las sombras copulan con mis contornos. No me parezco a lo otro. Aquello puede ser un decir. O el estamento definitivo. No pasaremos del límite impuesto. La tumba nos queda angosta. Patear en libertad sin hacerse eco de los muertos que sueñan. Todos hablan de mí aunque no lo hagan. Es mi vergüenza y mi condena. Veo ojos de extraños posarse sobre mi, el deforme, el monstruo de lo incontable.
Y soy normal hasta tanto quieran verlo. Hay muchas caras metidas en este cráneo. Una conveniencia de la personalidad. Una cuota de supervivencia entre tanto arroyo. Nunca nos quisimos. Es la verdad. La única verdad.
En mis bosques tupidos puedo perder al perseguidor. Puedo huir a través de los recodos del tiempo y el dogma de la lógica. Un altanero puede acercarse a la cueva y creerme su cordero. El sacrificio lo es todo. La carne tiene que ceder.

miércoles, 26 de abril de 2017

Día 1071: Construcción en obra

Todo soldado sabe donde se halla Roma. Desde lo lejos piensan en la obediencia y en la tentación de las valquirias. Un pequeño interruptor detenido en: no incendies esto. Nerón no tuvo mejor suerte. En el curso de cinco días la gran ciudad del mundo conoció las ruinas, una de tantas. Al tercer día el senado  convocó a una junta de especialistas. La tarea, simple en su enunciación, era la de levantar Roma. Hagan sus maravillas, dijo un allegado al César.
Publio Quinto entendió el mensaje, van a colgar nuestras cabezas si no dejamos este desastre en orden. En su estudio trabajaban casi ochenta personas. Tipos rudos que manejaban el mármol como si fuese plastilina. Bajo sus órdenes tenía a la mejor mano de obra de la ciudad, con una salvedad: Publio Quinto era un pésimo arquitecto. De lo peor.
Sus cargas siempre se descompensaban y no era de extrañar que alguno de sus edificios (la mayoria) termine inclinado. Sobre sus pésimos antedecentes se encontraba el destino de la mayor ciudad de la civilización occidental. Nada que no lograra un par de amistades con influencia. Publio Quinto se los conocía a todos, hombres de grandes domus sabedores de contactos. Ellos movían los hilos por él y Publio hacía su cosa, bueno, eso que daba por llamar arquitectura.
Grandes barcos llegaron desde Galia e Hispania. Los materiales de construcción más ordinarios del universo, esa era su cargo. También los más económicos. Publio Quinto siempre solía amasijar grandes fortunas con estas nimias diferencias, ¿Quién notaría un denario menos? ¿El César? No lo creía así. El arquitecto se consideraba astuto, como el zorro, difícil de atrapar.
Las obras se extendieron a lo largo de todo el año. Un mes antes de lo previsto se produjo el renacimiento de Roma. Todos los romanos no podían contener la sorpresa. La ciudad había quedado preciosa. Aún más que la anterior. Una belleza de otro mundo. Muy diferente a ese acueducto que perdía agua a la mitad del camino.
El mismo Nerón fue el encargado de inaugurar una de las obras mimadas de Publio Quinto, el Domus Aerea. El palacio tenía siete pisos, todos con incrustaciones de piedras preciosas. Fue una mañana soleada de otoño, uno de esos días en que las alergias no perdonan a nadie. A nadie, ni siquiera a un emperador. Un estornudo cortó el discurso de Nerón. Seguido de otro estornudo más pequeño. Y otro mayor. El culpable, aunque suene increíble, fue el segundo.
Un pequeño estornudo desmoronó la mitad de Roma. Las paredes caían de modo que el papel más delicado era una viga de hierro en comparación. Un edificio tras otro cayó, junto con la reputación de Publio Quinto, ya antes mancillada pero no así descubierta, hasta ese momento. Nerón mismo tomó cartas en el asunto. Publio Quinto fue servido en alimento a los perros. Y la muerte le llegó al gran arquitecto romano, más no por las mordidas. Un gran muro del Domus Aerea cayó sobre su cabeza.

martes, 25 de abril de 2017

Día 1070: Más tormentas

Enloquecí y es definitivo. Lo decreto. Saluden al Rey Carmesí. Mi ojo ya no puede sostener la necedad del olvido. Es culpa de los sueños. Porque tienen sentido y vivo algo que no. Algo que no. Cuánta tela van a manchar. Digan la pregunta. Cambien la clave. Vienen por nosotros. No adquieran el hábito de la observancia. No respondí cuando me señalaron con la marca.
Mi yo taciturno se puso a esperar. No quiero pensar en lo que viene, en mi final. Soy tan quisquilloso como toda la pérdida de la razón me lo permite. Resisto, insisto, desisto, es algo más de lo mismo. Algo. Y ustedes, con su culpa de juguete. Quiero abandonar la trinchera. Quiero que me caiga la bomba encima y hacer explotar todo. Me hundo aunque no quiera, esa es la verdad.
Y otras tantas. Otra. Mi cerebro inventa excusas para refugiarme de la lluvia y yo quiero mojarme. Así, húmedo, con la piel achicharrada. Deseo que venga lo que venga que venga. Acá, sentado de pie, valiente nuevo uno. No voy al engaño o a la indulgencia del fallo que corta toda parte de mi cuello con guillotinas para el caso. No es mensaje del ayer. El cuerpo tiembla y es hoy. Acá el incendio sucede siempre y es.

lunes, 24 de abril de 2017

Día 1069: Recuento

Una vida entera para desaparecer. Con cada pedazo de polvo arrancado de nuestras mejillas. El arbitrio de las especies, un momento en coma. Nos despedimos con la sorna y circunstancia del momento. Para dar el alto último. Y que la marcha se detengan. Un soldado puede decir muchas cosas feas. Si se lo propone. Si uno es capaz de hacer una bomba de gas con un inodoro, de lo que nada es imposible. De lo que eso dicen.
Amerita interceder, por la patria de nuestros hijos, por todos los estupidos motivos a los que tu mente recurra. Pero metete, no seas tonto. Hay un placer en la cagada. Todos nacimos para algo. Salvo algunos. Los mal nacidos. Esos deberían haber muerto de modo prematuro. No vale la pena ahondar en el detalle.
Una vida de tantas. Última oportunidad. Camino a la reanudación. Desde aquí la falta de perspectiva. Más de lo que pueda ser lo mismo. No fallen. Otro lo hará.

domingo, 23 de abril de 2017

Día 1068: Errores que tienen todos

Así quería tenerlo. Uno a uno. Hombre reducido a una habitación. Cuatro paredes, una puerta cerrada. Sería una confesión o una tortura, o ambas. Ese hijo de puta tenía que confesar el engaño. Gibbs encendió su cigarrillo y lo apagó en la cara del hombre atado. Despertó en seguida. No gritó. Buena constitución, resiste al dolor, los entrenan bien los rusos. Y la revelación suficiente: no va a hablar.
Esto va a durar días. Podemos charlar de lo que sea, dijo Gibbs. Y me vas a decir lo que necesito, tarde o tarde. Así lo conocían en la oficina: el lento Gibbs. El lento Gibbs que se toma su tiempo para todo. El hombre era una tortura china viviente. Les taladraba el cerebro. Gibbs hizo parecer hasta estúpida la expresión "ganar por cansancio". Ese era su negocio.
Del otro lado tenía a uno difícil. Tal vez lo tenga un mes. Un año. O dos segundos. Gibbs hizo algo inesperado: un gesto en las manos. Impaciencia. Ese hombre va a morir en su ley, si así lo desea.
Y Gibbs desoyó las palabras de su prisionero a falta de información relevante. No le creía y ese era el problema. Diferencia de criterios, así le decían. Porque lo que nunca descubriría el lento Gibbs es que aquel hombre no era quien decía ser. Aquel hombre era inocente.

sábado, 22 de abril de 2017

Día 1067: Instigador

Algún día me voy a morir bien muerto. Pero no va a ser ahora. Tampoco ahora. Ni en lo que sigue de ahora. Tal vez dentro de un minuto. O un siglo. O nunca. No lo sé. Aprovecho la ventaja y hago mi patio. Allá planto cosas. No sabría decir qué. Pero me preocupa la calidad. Debe salir bien el producto. Puro. Sin alterar. Que parezca una buena droga. Y que me vengan a buscar.
Que pregunten por mí e indaguen si fui un asesino. Que inventen una historia a mi alrededor. El mito de las especies. Anulen las diferencias y resten mis deudas. Allá estaré. Quizás un poco maltrecho. No los culpo. El camino rompe y se rompe. Debo pelearme con el mundo aunque sea una vez más. Reclamarle que pague las facturas sin cobrar.
Un último pedido. Una cena frugal para acompañarla con cicuta. Que el pasillo final sea amarillo y tal vez celeste. Que irse sea la fiesta máxima y el derroche masivo. Rompan todo. Y empiecen, aunque sea una vez.

viernes, 21 de abril de 2017

Día 1066: Historia local de la infamia

Abolieron la esclavitud al pedo. Quizás para que unos cuantos ilusos pasen a mejor vida. Dos personas deberían obedecer a las viejas leyes. Esclavos de por siempre. Pero no, fueron escupidos pronto a la calle. Y pronto consiguieron trabajo.
Tardaron unos años en asentarse y formar una familia. Uno de esos antiguos esclavos consiguió empleo en una fábrica. Tuvo tres hijos. El otro murió joven, aunque dejo también descendencia. Un hijo.
Este pequeño, con la responsabilidad de su madre viuda encima, salió pronto a la realidad. Trabó así relaciones con la familia del otrora compañero de esclavitud de su padre. Fue así como logró el ingreso a la fábrica.
Luego de años de sacrificio y con un modesto capital ahorrado, el hijo del esclavo muerto montó un pequeño negocio, del que hizo partícipe al amigo de su padre. La ventura económica los favoreció y así fue como crecieron. Tardaron poco en tener sus primeros empleados, los lugartenientes más fieles.
Seis años después la oficina quedó chica. Los contratos se apilaban sobre el escritorio. Así vinieron las firmas importantes. Licitaciones con el gobierno y esas cosas. Algunos avivados de su tiempo los aconsejaron de maravillas: diversificar el poder y multiplicar las ganancias. Así hizo Jesús. Y le creyeron, mierda si le creyeron.
Ganaron fuerza en los principales sindicatos del país, y también dentro del mismo gobierno. Diez años después tenían su propio partido político, con punteros y todo. Con algunos contactos en los medios de comunicación, los humildes comerciantes promovieron su partido para conformar una fuerza opositora. Los votaron poco. Luego los votaron más. Y más. Y más. Hasta que ganaron.

jueves, 20 de abril de 2017

Día 1065: Causa de un caído

Nos lo merecemos. Hicimos todo mal. A eso nos condenan. Un tanto de arrogancia para el espíritu muerto. Volvería a repetirlo en otra oportunidad. Pero ahora debo quemar las naves. Debo nadar desnudo hacia otra oportunidad. Tanto punto y sin final. Una mentira redobla la apuesta. Somos más. Eso quiero creer. Tengo que hacer la ilusión del más allá. Algo accesible, que me pertenezca. Un recinto adonde pueda guardar mis pecados lejos de la intemperie. Casa segura. Pero sé que no existe la tranquilidad. Nadie mira atrás seguro. Todos guardan nuestras pisadas. Es ser atrapado por el atrapado. Nosotros, los perseguidores perseguidos. Es un giro de la circunstancia hasta quebrar el eje. El panorama quebrado de todo lo bueno, todo lo malo y lo demás. Abriré una causa y me sentaré a esperar. Los muertos caen, y yo también.

miércoles, 19 de abril de 2017

Día 1064: Recuerdos del telón caído

Comencemos por el principio: esto no es una declaración de principios. Deje a la banda en su mejor momento y no me arrepiento. Todavía se agolpan los fans a la puerta de mi mansión. Pobres, como si me fueran a convencer. Están furiosos, desilusionados, lo entiendo. Pero para mí el rock quedó atrás. Ahora pruebo otra clase de estímulos. Planto arboles. Escribo libros. Y cosas así. No los extraño. Corté Internet. No pago cable. No salgo de mi casa para nada.
En el ostracismo la vida me va bien. Puedo ser todo lo Salinger que desee y no apenarme en el intento.
Tengo contacto con personas, eso es verdad. Mi abogado, mi mánager, empleados de limpieza, un secretario que cada dos años se cansa de su trabajo y me pide un aumento, un nuevo secretario para reemplazar al anterior, tres perros, una gaviota. Y ese es mi mundo. Y estoy contento. No necesité de familia para llenar los huecos. Leo mucho. Me informo de como van las cosas con los diarios. Y evito creer todas las líneas editoriales.
A veces sueño que un buen día voy a ser tan putamente millonario que voy a ser capaz de curar el hambre en África con mis propias manos. Es la determinación del que quiere y puede, algo que tipos como Gates o Geldolf desconocen. Para teles menesteres tengo una caja fuerte especial. Se llama "fondo para África", lo sé, no es un nombre muy creativo. Pero sirve. Me deja dormir por las noches. Me hace sentir tan bien como un Cardenal de Vaticano. Ellos sí saben de negocios.
Recuerdo que una vez tocamos en un bar como para veinte personas. Éramos mis mismos flacos, los que ahora llenan estadios. Lo recuerdo por que fue nuestro mejor show. Una cosa visceral, íntegra por donde se lo vea. En ese recital murió uno. Le agarró un paro cardíaco, supongo que de la emoción. O no sé. Nosotros no tuvimos la culpa. Y no fue la única muerte en nuestro haber. Después vinieron más. Aunque creo que esa fue la mejor.

martes, 18 de abril de 2017

Día 1063: Única vía

Descubrí algo. Tal vez el amor o nada. Quiero abrazos y trompadas, al mismo tiempo. Ser el eco masoquista del sádico. Doblaría las rodillas al dolor de supiese la palabra clave. No me interesa que se detenga. En la muerte está el placer. El definitivo.
Agoté la fuente de energía. Dirigí la dosis mínima hacía ese lugar inservible del cuerpo. La apéndice del mundo. Un hombre comedido, de raices fuertes, se asienta con los pies y tiembla. No soy esa clase de persona. A mí me vence el terror y la fiesta recién empieza.
Soy el cúmulo último de todas las cosas. Mezcladas. Amontonadas. Devolví a la tierra el fruto de mi bilis. Lo regurgité con mi alegría. Un abrazo relleno de caca. La madre de todas las parafilias me desea y quiere lo que fui. No es para tanto. Puedo ser ese hombre deshecho. Puedo ser lo que nadie quiere y así ser. No encuentro otra manera.

lunes, 17 de abril de 2017

Día 1062: Jonestown

Culpable hasta que se demuestre lo contrario. Las pruebas admiten el error humano. Saben, todo empezó ahí, en el invento, en el posterior regodeo de la mentira. Nadie quiso el desmadre. Tenían que ser discretos. Y todo el mundo observa las barrabasadas del pueblo perdido. Comida del diablo, así le decían a sus pobladores. Empezaron los usufructos y no se preguntaron si fue real o tal vez el espejismo de un crimen cometido, al menos, sin querer.
Las personas con el tiempo pierden el tacto, inventan realidades y escapan. Pero siempre hay un sabueso con el ímpetu necesario para la búsqueda. Es cuestión de tiempo. Así se descifran los mensajes, incluso los códigos más inexplicables. Allá está la prueba, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad. Un pueblo que arde por el fuego de sus propios habitantes. Fueron entregados a la lujuria del libre albedrío y decidieron montar su propia Sodoma.
Ideas radicales. Alas de izquierda aprovecharon el impulso. Los degenerados liberales tomaron el púlpito e inclinaron a las masas a su favor. Un incendio no necesita de chispas si se propaga solo y nace de la nada. No tardaron mucho en comprender que la muerte es la solución última a todos los problemas. Y así lo hicieron.

domingo, 16 de abril de 2017

Día 1061: Voleado

Yo y mis dificultades. Todo me cuesta. Soy la babosa reina madre de las complicaciones. Caigo fácil en el barboteo. Me confundo conmigo mismo. Volví de los supuestos una norma. No supe distinguir las atrocidades del tiempo. Lo que hace en mí. Un cuento para pocos. No contado por nadie. Para lo que resta de vida.
Abrí un portal hacia lo que no decimos. Debería abrir el corazón, pero no tengo. Un poco del resquicio idiota de volar en pedazos el puente que modela los canales de mis palabras. En un qué se yo me defino. No es mejor lo que se olvida.
Tampoco el punto atribuido a la especie puede definirme. No temo lo que sé que va a venir. Estoy preparado. Abierto. Como mejor sale.

sábado, 15 de abril de 2017

Día 1060: Encargo divino

El conejo dio un brinco y murió. Su corazón no resisto el esfuerzo. A dos metros de distancia un hombre esperaba ese desenlace. Comida gratis, de la que no abunda, se dijo. Esa noche refrescaría. Tal vez con un poco de ingenio el conejo muerto haría el préstamo de piel. Cosas del invierno.
A veces es bueno sentirse inundado por ciertas corazonadas. Eso lo llevó a tomar el arma. Un pálpito de las entrañas, el fin de la humanidad. Con eso tendría suficiente. Algo de trabajo para calentar los músculos. Quebrar un cuello. El cuchillo que se clava entre la carne. Diez personas abajo. Y nadie que lo delate.
Es una encomienda divina. La limpieza final. No es la idea de genocidios. No. Solo inhibir los patrones. No dejar que la semilla crezca. Hasta que alguien dé la señal de alto. ¿Nadie? Nadie. Proseguiría. Con buen tino. Y que se abalancen sobre él las ruinas del juicio final. No era para tanto.

viernes, 14 de abril de 2017

Día 1059: Luces de la calle

Me voy a explotar desde afuera, hacia dentro, por los costados. Dejaré mi espíritu expansivo por toda la habitación. Y quizás más. No me llevo bien con los planes. Solo hago lo que hago, como sale. En un intento a veces la suerte quiere. En otro no queda nada. Vueltas. Giros.
Daría mi vida pero ya no la tengo. No pertenezco más a esta galaxia. Me fui lejos. A pensar o a decir algo diferente. Algo de lo que crean que puedo decir. Lo esperable. Una sucesión de palabras amables con un tinte diplomatico. Las estupideces del mundo venido abajo.
Abolición de los sentidos. Opto por prohibir el paraíso de la carne. No me culpen, la ciudad es un espejo en el que me veo reflejado. Con sus calles rotas y sus semáforos imprecisos. Puedo pasar a recolectar la basura en un horario poco habitual, o ser la basura. Ahí donde duele me ilumino. Ahí donde la cosa puede. Resalto. No sé preocupen. Es solo el momento.

jueves, 13 de abril de 2017

Día 1058: Opción agotada

No era lo extraño. Otro regó la planta y espero que alguien interceda. Para construir una relación de dos extraños y u mundo. Cosas insostenibles que se dicen. En el proceso querer es una mentira. El tarro de la mierda, un atractivo a la promesa. Tuvimos una experiencia de otra vida. Pero sin la muerte.
El fenómeno aturde. No crean en las semejanzas. Se extinguen las ruinas del buen juicio. Después cae una tormenta de tantas. Lluvias de mentira. Fuera de los dominios. Vamos a reconocer el momento en el que dejamos de ser.
Sin reembolso. Extienden el área de pánico. Pudimos ser fieros ante la desesperanza. Hay tantas opciones. Mejor así, dejemos de elegir.

miércoles, 12 de abril de 2017

Día 1057: Descanso primigenio

Toda la noche hizo su trabajo. Quedó exhausto y un cadáver se dibujó sobre la mesa. La policía no supo encontrar respuestas. Eso sería tarea de algunos peritos con imaginación. El hombre estaba partido en dos. Lo hizo. Solo con una cuchara.
Dicen que buscaba la llave al infierno. Algunos suponen que la encontró. Tuvo que rascar bien dentro de su cuerpo, mientras pedazos de carne se separaban de su lugar habitual. La escena del crimen, sellada a sangre, hueso y cartílago, era un habitáculo solo apto para valientes.
Y al final, pero no menos importante,
las motivaciones. ¿Existió un llamado? ¿Acaso un pedido poco usual? ¿De alguna forma la mafia logró interceptar a esta persona? Conjeturas, teorías que conducen a más pabellones sin salida. Quizás cabe recordar lo principal, la premisa inicial. Que no se olvide: ese cuerpo no es humano.

martes, 11 de abril de 2017

Día 1056: Mafia rusa

Cuidado con el efecto rebote. Todo vuelve. El elefante alimenta con paciencia a su cría antes de ser devorado por la existencia. No hay cabos sueltos. Todo perfecto. Sin fisuras. En menoscabo de la especie. Para quien pueda jactarse. No vemos con ojos ajenos a quien nos traiciona.
Sobramos en el recuento. Cuando hay que aligerar el equipaje y nadie levanta vuelo. Así. Atrapados. Un entre medio de posibilidades. Los muchos y los pocos, apertura de fuego a discreción. No debe parecer un salto. Es la progresión natural de la hechos. Es la portada en primera plana. Un acto criminal. Noticias del más allá.
No estamos gran comprometidos con el ser humano. A veces los genes nos juegan en lo más bajo. Sin que nadie celebre, un funeral postergado. Hay manos en la obras y un pozo a medio cavar. Hay un minuto en la paz y otros momentos, tal vez de más, o justo de lo que quede, en que nada seremos. O uno. O es.

lunes, 10 de abril de 2017

Día 1055: Big bang

Nacimos en otro universo. A nadie le rendimos cuentas. Tuvimos que crear al otro para tener problemas. La naturaleza tiene una disposición intrínseca a cagarla. Es como es. Sucede. Sin más. Y luego pasa que nos preguntamos qué fue lo que pasó. Rebobinemos.
En el minuto cero algo salió mal. Hubo un cocinero que se excedió con la sal. Tuvieron que tirar el plato. Quedó poco tiempo. Emergencia y plan B. Fuimos escupidos al abismo con un agujero en medio del pecho. Un vacío fácil. Desde entonces somos la raza perfecta. La envidia de la galaxia en un desierto de estrellas. La vida, putrefacta, nos tardó en crecer. Un poco más atrás.
Existió un negro superior. La última instancia antes de la muerte. Un círculo de luz. Un aro pequeño, colador de energía. La explosión última. Gases fuera de control. La nada dijo es el fin. Es el fin. O no es nada. O es todo.

domingo, 9 de abril de 2017

Día 1054: Otra burbuja

Firme sin escrúpulos. Condene a la población. No va a escuchar sus gritos. La culpa no es nada. De verdad, crealo. Es un alivio a la conciencia. Sepa, usted es perfecto. No hace nada mal. La vida entera le sonríe. Los ecos, quizás lejanos, de un acorde disonante no son más que fantasía. Nadie lo va a correr del sillón. Está cómodo. Si por las dudas se le da por observar al de al lado no se preocupe. Son sacrificios mínimos. Imperceptibles. Las cantidades no importan. Uno, ocho mil, treinta mil, lo mismo da.
Coraje, no lo necesita. No va a enfrentar a las masas, usted es un curioso caso, una moda pasajera. Va a ser un instante en la vida de muchos, que tal vez preferirán despedirse de sus seres queridos antes que la inundación les tape las rodillas. Es un momento, sonría a la cámara. El mundo es feliz. O así quiere parecer.
El dinero puede comprar el anonimato. También la falta de culpa. Alivio. Un juego nuevo. Blanco. Que resiste los gritos del afuera. Niños muertos. Hambre. Desidia. Juego porfiado. Taimado. Hay que ir. No queda otra.

sábado, 8 de abril de 2017

Día 1053: La conquista de los cielos

No me expreso respecto al contenido, dijo el hombre antes de abordar el avión. Una bandada de aves salió de su equipaje de mano. Eran mansitas, resistieron a los rayos del pre embarque vaya uno a saber cómo. Magia, tal vez. Algunas empezaron a picotear el ojo de los pasajeros, como si se tratase de una película de Hitchcock. Las otras, más inteligentes, se dedicaron a cagar cada dos asientos.
El caos no tardó en extenderse a la cabina del piloto. Perdemos altitud, sentenció un pasajero que miraba obnubilado la ventana. Vamos morir, dijo. Y así fue. El avión se desparramó en pedazos a lo largo de una montaña. No sobrevivió nadie. Nadie humano, por cierto.
Las aves alcanzaron vuelo antes que el ataúd de acero se las llevará con él. Una de ellas sostenía un dedo con sangre en su pico. La mayoría aún insistía en cagar, del entusiasmo, seguro. Habían ganado otra batalla. Nadie más surcaría los aires. Y este era el comienzo.

viernes, 7 de abril de 2017

Día 1052: Legión de legiones

Tal vez nunca nos vayamos a entender. Es una cuestión generacional, muchos años entre medio. Si somos la llave o el puño ahora poco importa. Los de arriba solo quieren una cosa: sangre. No importa la manera, para eso son vampiros. En las horas de desesperación hay que sacar adelante el método. Que la historia sea contada como ellos quieran. A partir de este momento.
Nos vamos a poner un nombre colorido. Quizás nos cambiemos de apellido. Hacer que sirva el mundo, eso dicen. Nos van preparando para el instante definitivo. Dos segundos que van a consumir vidas. No sé si será una guerra. No sé si será poco. O suficiente. En todo nos equivocamos.
Una fachada con estilo dirá lo que las paredes callan. Que los testigos mueren en sus convicciones. Y la valla se atraviesa, muerto o como sea. Del otro lado, es lo único que importa. Nadie brilla. Solo el eco de un desierto amplificado. Y lo somos.

jueves, 6 de abril de 2017

Día 1051: Cosas de la muerte

Abrasivo constituyente. Eso o nada. Definitivo, nada. La calvicie se hereda y no hay pelo que aguante. Todos se van por el caño. Así de apocalíptico se levantó Ricardo antes de que el último vestigio de su cabellera desapareciera de la faz de la Tierra. Eso, con 25 años, es una catástrofe mundial. Mucho más que treinta años sin salir campeón. Es la gran catástrofe. Nadie te quiere. Por lo bajo a todos los pelados le desean el suicidio voluntario.
Y Ricardo pensó, no, no me voy a matar. Voy a hacer algo de mi vida antes que el efecto de la alopecia acabe con mi cerebro. Voy a curarme, voy a tener pelos, como sea que sea. Y se inyectó silicona. Y se adhirió pelos muertos. Y los cuidó. Hasta que se cayeron. Mala solución. Ser pobre y no tener la posibilidad de un tratamiento decente. Uno que funcione, por cierto.
Ricardo sabe que no va a ser una estrella de rock. Nadie quiere a los pelados. Están en el mismo escalafón de los rengos y los farmacéuticos, cagadores que esconden madres muertas debajo del sofá, o peor, perros muertos.
Alguna vez, en el futuro, quizás vuelva a tratar de matarse. De eso se trata, ¿no? de cuántos intentos se necesitan realizar antes de llegar al éxito. Ricardo al final lo logró, una bala le dejó un orificio de unos cuatro centímetros de diámetro al costado del cráneo. Curioso, pero cuentan aquellos trabajadores del cementerio que nunca vieron a un cadáver que le creciera tan rápido los pelos. Cosas de la muerte.

miércoles, 5 de abril de 2017

Día 1050: Acto heroico

No se puede sospechar, es algo que resiste al reloj. El tiempo, iluso perpetuo, abrigo del tonto. No trajimos este feto al mundo para que se cague en nuestros zapatos. Es lo que vive poco hasta que se resiente y quiebra. Escapemos por un pelo para enseñarles a esos que no se jode. Acá no se jode.
Van a inventar un aparato que mida las intenciones y va a explotar. Para mí es suficiente. No más. Un paso adelante puede retroceder dado vuelta. Es muy confuso el mundo donde existo. Quiero respirar aire y se me escapa. Branquias vengan a mí.
Que encarcelen al sano juicio, un cartel de cuarentena que cuelgue al pecho. Las mejores ideas surgen de lo inesperado. Desvíos estúpidos. Caminos de tierra pavimentados. Vamos a tragar la brea y decir: qué rico. Por las dudas no lo conozco. El traje de superhéroe me queda bien.

martes, 4 de abril de 2017

Día 1049: Poco cuento

La última puesta del sol. Luego de eso moriría, o tal vez entraría en coma. O quizás ocurra el milagro, un dios descancerizador. Algo que revierta el enchastre de la quimioterapia y los tumores alborotados que habían hecho base en su páncreas. El oncólogo señaló un abanico de actividades dignas de un paciente de su alcurnia. El selecto club de los IV, el reino de la metástasis. 
Y aún así nunca se sintió mejor en la vida. Morir sería tan solo un accidente. Uno de los que a veces ocurre, como cuando se cae el tarro de leche de la mesa y el gato se lo toma. Esa clase de accidentes. Ser feliz ante el desenlace que todos conocen. Es un poco dejarse llevar y comenzar a reorganizar los átomos para que formen parte de algo distinto a un cuerpo humano. Tierra, polvo, gusano. 
Y lo peor, el desenlace y la gran broma última, la mejoría final. La estúpida esperanza del infinito, de lo eterno, de la trascendencia. Esos cuentos inventados para sentirse mejor con algo que no está diseñado para hacernos sentirnos mejor. A veces es mejor no preguntar antes que alguien meta la pata hasta el fondo. El sol trasmite sus fotones hacia millones de lugares y menos pregunta. El sol, dador de la vida y el cáncer. Qué poco importa cuando deja de haber cuento en el carretel. 

lunes, 3 de abril de 2017

Día 1048: Último intento después del último intento

Voy a retirarme a la fuerza. Ya saben, con guirnaldas y panchos vencidos. Sirvan sidra picada, a mí no me importa la muerte o lo que ella acarrea. Ya saben, gusanos. Descubran el telón y que el cielo se quiebre hasta el polvo. No voy a oír más, el pabellón se secó. Al borde de la catástrofe nos gusta estar, hay linda vista. Lindas fotos. El reintegro no llegó. Estamos pobres, mustios. Abandonados a un azar que no nos quiso más.
Terminé mi oración a la mitad. Tuve un nacimiento in media res. Mi estrategia, infantil, de prevalecer ante todo. Tengo que ser viejo para dejar de ser. Que la cosa deje de ser voluntaria. Una enfermedad puede venir o irse. O insinuar un porvenir difuso. No es lo que parece.
Solíamos querernos, con el amor de un intento fallido. No reverdecer no aún en los peores momentos. Un vestigio hace a su esencia. Hay muchos testigos y pocos criminales. No terminen su condena. Aún hay más.

domingo, 2 de abril de 2017

Día 1047: Último intento

No voy a hacer trampa. Me haré cargo del muerto. Tragaré su mierda. Un servicio a la patria. Una versión libre del paraíso. Sutura para inventados. No quiero la culpa. Tomen nota. Anulen el robo. Un eje convulso para el desquicio de la carrera.
Me despido con soltura. La vida me quedó corta. Devuelvo el cambio. Quiero incendiar el bosque. Amenizar la espera. Con poco hago mucho. Y no será el cielo para esos desafortunados. No será más. Tendré que derivar la suerte. Tendré, aunque sea algo.
Mantengo una postura porque me gusta cambiarla. Soy todo lo volatil que me permite la rectitud de la carne. Pero no se si puedo situarme en este universo de contradicciones. No voy a hacerme cargo al final. Voy a sacarme el lazo. Y que sea lo que sea. Total para suerte hay tiempo.

sábado, 1 de abril de 2017

Día 1046: Ocaso de cóncavas naves

Pagaremos como nunca el precio de las semillas. Como corresponde. Como buenos capitalistas. Después exportaremos nuestras penas para que el valor del barril del petróleo imponga un techo de almas. Nunca tan alto. Tal vez por lo bajo. Soy confidente a cierto espíritu. Una necesitad oculta.
Puedo poner todos los puntos y aparte que se me antoje. Elegimos el disfraz más puntilloso para asustar al lobo. No echemos más responsabilidad al que no la merece. El fuego cae al abismo y desnuda las semejanzas. Confirmen el muerto de una vez.
Quieren revisar tantas veces como otras el itinerario. Tal vez el camino es corrido de lugar. Miopía general para la vida. Una terapia, otro remedio para la enfermedad que falla. Predicar con la honra perdida para nunca más tenerla. Vamos a hundir el barco a propósito. Así será.

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