jueves, 6 de abril de 2017

Día 1051: Cosas de la muerte

Abrasivo constituyente. Eso o nada. Definitivo, nada. La calvicie se hereda y no hay pelo que aguante. Todos se van por el caño. Así de apocalíptico se levantó Ricardo antes de que el último vestigio de su cabellera desapareciera de la faz de la Tierra. Eso, con 25 años, es una catástrofe mundial. Mucho más que treinta años sin salir campeón. Es la gran catástrofe. Nadie te quiere. Por lo bajo a todos los pelados le desean el suicidio voluntario.
Y Ricardo pensó, no, no me voy a matar. Voy a hacer algo de mi vida antes que el efecto de la alopecia acabe con mi cerebro. Voy a curarme, voy a tener pelos, como sea que sea. Y se inyectó silicona. Y se adhirió pelos muertos. Y los cuidó. Hasta que se cayeron. Mala solución. Ser pobre y no tener la posibilidad de un tratamiento decente. Uno que funcione, por cierto.
Ricardo sabe que no va a ser una estrella de rock. Nadie quiere a los pelados. Están en el mismo escalafón de los rengos y los farmacéuticos, cagadores que esconden madres muertas debajo del sofá, o peor, perros muertos.
Alguna vez, en el futuro, quizás vuelva a tratar de matarse. De eso se trata, ¿no? de cuántos intentos se necesitan realizar antes de llegar al éxito. Ricardo al final lo logró, una bala le dejó un orificio de unos cuatro centímetros de diámetro al costado del cráneo. Curioso, pero cuentan aquellos trabajadores del cementerio que nunca vieron a un cadáver que le creciera tan rápido los pelos. Cosas de la muerte.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...