sábado, 8 de abril de 2017

Día 1053: La conquista de los cielos

No me expreso respecto al contenido, dijo el hombre antes de abordar el avión. Una bandada de aves salió de su equipaje de mano. Eran mansitas, resistieron a los rayos del pre embarque vaya uno a saber cómo. Magia, tal vez. Algunas empezaron a picotear el ojo de los pasajeros, como si se tratase de una película de Hitchcock. Las otras, más inteligentes, se dedicaron a cagar cada dos asientos.
El caos no tardó en extenderse a la cabina del piloto. Perdemos altitud, sentenció un pasajero que miraba obnubilado la ventana. Vamos morir, dijo. Y así fue. El avión se desparramó en pedazos a lo largo de una montaña. No sobrevivió nadie. Nadie humano, por cierto.
Las aves alcanzaron vuelo antes que el ataúd de acero se las llevará con él. Una de ellas sostenía un dedo con sangre en su pico. La mayoría aún insistía en cagar, del entusiasmo, seguro. Habían ganado otra batalla. Nadie más surcaría los aires. Y este era el comienzo.

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