sábado, 15 de abril de 2017

Día 1060: Encargo divino

El conejo dio un brinco y murió. Su corazón no resisto el esfuerzo. A dos metros de distancia un hombre esperaba ese desenlace. Comida gratis, de la que no abunda, se dijo. Esa noche refrescaría. Tal vez con un poco de ingenio el conejo muerto haría el préstamo de piel. Cosas del invierno.
A veces es bueno sentirse inundado por ciertas corazonadas. Eso lo llevó a tomar el arma. Un pálpito de las entrañas, el fin de la humanidad. Con eso tendría suficiente. Algo de trabajo para calentar los músculos. Quebrar un cuello. El cuchillo que se clava entre la carne. Diez personas abajo. Y nadie que lo delate.
Es una encomienda divina. La limpieza final. No es la idea de genocidios. No. Solo inhibir los patrones. No dejar que la semilla crezca. Hasta que alguien dé la señal de alto. ¿Nadie? Nadie. Proseguiría. Con buen tino. Y que se abalancen sobre él las ruinas del juicio final. No era para tanto.

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