viernes, 21 de abril de 2017

Día 1066: Historia local de la infamia

Abolieron la esclavitud al pedo. Quizás para que unos cuantos ilusos pasen a mejor vida. Dos personas deberían obedecer a las viejas leyes. Esclavos de por siempre. Pero no, fueron escupidos pronto a la calle. Y pronto consiguieron trabajo.
Tardaron unos años en asentarse y formar una familia. Uno de esos antiguos esclavos consiguió empleo en una fábrica. Tuvo tres hijos. El otro murió joven, aunque dejo también descendencia. Un hijo.
Este pequeño, con la responsabilidad de su madre viuda encima, salió pronto a la realidad. Trabó así relaciones con la familia del otrora compañero de esclavitud de su padre. Fue así como logró el ingreso a la fábrica.
Luego de años de sacrificio y con un modesto capital ahorrado, el hijo del esclavo muerto montó un pequeño negocio, del que hizo partícipe al amigo de su padre. La ventura económica los favoreció y así fue como crecieron. Tardaron poco en tener sus primeros empleados, los lugartenientes más fieles.
Seis años después la oficina quedó chica. Los contratos se apilaban sobre el escritorio. Así vinieron las firmas importantes. Licitaciones con el gobierno y esas cosas. Algunos avivados de su tiempo los aconsejaron de maravillas: diversificar el poder y multiplicar las ganancias. Así hizo Jesús. Y le creyeron, mierda si le creyeron.
Ganaron fuerza en los principales sindicatos del país, y también dentro del mismo gobierno. Diez años después tenían su propio partido político, con punteros y todo. Con algunos contactos en los medios de comunicación, los humildes comerciantes promovieron su partido para conformar una fuerza opositora. Los votaron poco. Luego los votaron más. Y más. Y más. Hasta que ganaron.

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