martes, 30 de mayo de 2017

Día 1104: Testimonios del espanto

Van a decirme que no fueron, que la cagada fue de otro. Van a tirar al pirata por la borda, con todas sus pertenencias. Van a sobarle el pito. Seguro se lo van a comer. No es algo personal, dicen, reglas del negocio. En una vida no nos damos cuenta, somos tarados hasta la muerte. Daremos en la tecla rota, y nadie dijo nada.
No hay salida de emergencia, nunca entramos. Ese fue el engaño. Arrojaremos los cuerpos cansados al fuego y no se van a dar cuenta. La mente humana como chicle de conveniencia. Más lejos, hasta ahí, hasta donde se pueda aguantar. Le darán de comer el fruto podrido a los pequeños, para que crezcan fuerte en el resentimiento. Vendrán a nuestras camas para asesinarnos mientras hacemos el amor.
No nos van a enseñar a ser felices. El cuento tiene un final abrupto, el lobo se los come a todos. La niñez será arruinada por una moneda. Van a abusarse porque pueden, porque el placer se confunde y les da lo mismo. Caerán, es lo seguro.

lunes, 29 de mayo de 2017

Día 1103: Una separación

Tendrán niños hermosos y así será la vida. Tomarán el té con edulcorante y comerán una galletita húmeda que se pudre en una caja de cartón. Esconderán su amor bajo la acumulación de los días, para ser foráneos en su tierra. Inventaron un lenguaje extraño, pero eso es pasado. La cosa de la carne olvidada y esos deslices del no cariño.
A veces querrán entenderse aunque ya no quede jugo. Disipar los calores. Y se olvidan de eso, de la tarde en que se conocieron, de la noche en que desearon, de la mañana en que fueron y ese abrazo, testigo, de ellos. Y poco a poco las tierras grises, áreas en discordia.
Un tiempo mejor vendrá. Luz opaca. El manojo criterioso de penas. Los agarra desvelados, sin posibilidad de tiempos mejores. Alguien cerrará la puerta, un hijo tal vez. Extraños en un mismo cuerpo. Vanguardia, insolencia y la dejadez de las arrugas. Quebrados, pero unidos.

domingo, 28 de mayo de 2017

Día 1102: Inexistencia

Disfruto de la tranquilidad de no hacer nada. Disfruto cagar la mierda bien hecha. Un sorete a la vez. No se alarmen. Seremos más cuando el día tenga menos de lamentable. Este simulacro va a terminar con todos muertos. Es la vida misma. Tal vez. Reincidente es el caso. Vamos a ser felices con nuestros cadáveres. La carne seca, las tripas, el bazo podrido.
Los versos, lo ninguno, la suciedad. Poca persona para ser algo más. No se lamenten. La vida una termina en paro cardiorrespiratorio, morir de muerte. Ese camino es y es. Me tomarán de los muñones, en alza, un mártir para la ocasión. ¿Y cuál será la verdad?
Que cuenten algo para calmarme, para decir que fui algo bueno, cuando en realidad fui el sorete del principio. Ese maldito que busca aguijonear al que venga. No vine a ser. No vine.

sábado, 27 de mayo de 2017

Día 1101: Apatía

No sé contra qué tiempo corro, contra todos. Lo malo, lo absoluto. El coordinado espanto que me acojona los huesos. No tengo intención de ser algo más que la simple pertenencia de un coleccionista. Ya no valemos, carne despojada, un silencio incómodo nosotros frente al mundo. Nunca fuimos suficiente.
No es la desidia la que gana, es la acumulación. El instante del uno tras otro, y el nada cambia. Del igual, similar, gris, opaco y va y viene, hasta que llega a ser lo que siempre imagina. No, un igual. Qué hacer cuando el clima se imponga, cuando la catástrofe caiga sobre nuestros hombros. De la esperanza perdida nos contagiamos.
Valdríamos algo. Seríamos la fuente. El clamor de una campana descompuesta. De la suerte perdida nunca ganada. De mirar con otros ojos al estúpido asesino de nuestras palabras. La vivisección del espíritu, una coraza de ultratumba. Podría robar más tiempo, y no sé para qué.

viernes, 26 de mayo de 2017

Día 1100: La herida auto inflingida

Caí en la sinestesia consecuente, insistente, de parecerme a mi mismo. Me imprimo en una hoja de fax que se parece a un papel higiénico y soy ese fruto de la Biblia si creyese en algo sagrado. Moriría si pudiera hacerlo, si no me faltara la fuerza para atravesarme una máquina de afeitar a lo largo de la vena. Sería eso y más, el feliz insolente que se sopla los mocos. Podría ser el amigo de las mujeres, el confesor sufriente. Tal vez caería en las redes de tratas, mientras busco porno infantil en la deep web. Tal vez quiero ser ricitos de oro y comerme la sopa caliente. El frío del alma que no me da campera. Y me siento en la vereda piedra discriminar a la gente que pasa, si negro, chino o puto. Podría tomarme todas las pastillas si no fuese tan cagón de mentirme en mi propia presencia. Voy a abandonar el edificio por la puerta de atrás, mientras la sirena del incendio me tape los oídos. Voy a morir porque quiero y no sé como hacerlo. Necesito el manual de morir. El necromicón de morir. Quiero ver a Boca campeón. Quiero acordarme de las caras. Quiero tomarme todo el vino. Quiero explotar por los costados. Seré el gordo chancho hijo de puta cagador mala gente. Voy a ser la emoción perdida. El condimento. Y esa será mi muerte.

jueves, 25 de mayo de 2017

Día 1099: Amar

Ser la llamada del que espera. Son dos rincones y no hay culpables. O mejor podemos tener algo parecido al amor, y un temor insolente para abrigarnos de lo que venga. Allá afuera hay gente que se ama, que desiste de entregar el reinado de lo otrora oscuro a las fuerzas de vaya a saber que. Hay gente que ama y desea la piel. El contacto de lo querido, bien dentro, inseparable, un pegamento vital.
Allá afuera hay algo que trasciende la feromona. ¿Se lo explican? Hombres de bata se lo preguntan, quizás una flor la ciencia. Un cuerpo confundido en los pastos químicos de su cabeza. Arrinconado contra el curioso lamento que exige la venganza. La sed destructiva de la no atención, de la anomia imperfecta.
Morir en el abrazo, en el dibujo de la insolencia de un mundo aún no descubierto. Esperar tal vez se haga largo, corto, angosto, derecho, si el tren de la sensación es así. No volveremos más, crudos, el mismo camino. Ahí estamos.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Día 1098: Berreta batalla

Así es la vida, dijo antes de pegarse el tiro. Su rostro monolítico permaneció así hasta que lo cremaron. La familia lo pidió así, una ceremonia íntima para los más allegados. Unas veinte personas en total, que pasaban junto a la urna con las cenizas del muerto, mientras contaban anécdotas de cuando estaba vivo. El café en sus mano marcaba el pulso de la velada. Estuvieron como hasta las dos de la mañana. A un desubicado se le ocurrió poner música. Es para honrar la memoria de Ricardo, dijo, con un poco de vergüenza. Así que nadie se preocupó por ese viejo death metal aceitoso que salía del parlante de su celular.
Nadie salvo un párroco que por casualidad pasó por la funeraria. Lo reconoció. Un asunto personal tenía con esa música del demonio. Según sus registros mentales, el metal escandinavo conducía a la fornicación pre marital y a las drogas de todo tipo, sin contar la homosexualidad y la servidumbre, también homosexual, a Lucifer.
El viejo death metal, la música del diablo. El dueño del celular por un lado, un párroco enfurecido por el otro. Pelearon entre las cenizas del muerto hasta que dieron las once de la mañana. Nadie podía detenerlos. Tal vez insuflados por la música, o alguna fuerza de otra dimensión, quién sabe. No se podían separar. Cosa extraña si lo vieran. Creo que aún siguen peleando. 

martes, 23 de mayo de 2017

Día 1097: Curiosidades

Contrario a lo que se esperaba nada hago. Es la desesperación del miedo al incorrecto, del autosabotaje. Implica unir los puntos en un orden preciso y en el movimiento me desarmo. La pasión que roza el perfeccionismo ahoga el impulso en un océano de sucedáneos. Nada pasa. Todo queda. La angustia de la página en blanco y el memento mori de las agujas que no detienen su marcha.
En el vaso, en el vaso, en el vaso está la pena y es posible tragársela sin deglutir el resultado. La píldora y el contenido, la combinación química perfecta, capaz de alterar y olvidarlo todo. En Lete nos podemos bañar hasta que las preguntas sobren. Y el precio por el plato roto es otro plato roto. Acumulación de decires y desdecires. Y no sé si la angustia me pertenece. No sé decir el punto. No sé decir la palabra. Contenerme ya no es preciso. Quiero marcar el contorno en el desdibujo. Abandonarme en la letanía. Y preguntar cómo funciona el viento, aunque nadie responda. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Día 1096: Pirámide invertida

El faraón tenía órdenes que obedecer. Desde que asumió el cargo su poder se basó en una mentira. Un títere con muchos hilos. Cada palabra, mesurada, bajo el control de los verdaderos gobernantes: el pueblo. Lavame un gato, limpiame el patio, honrame a Ra. Todo lo hacía por su gente. ¿Era un tipo bueno? sí. ¿Honraba a la democracia, aunque nadie conocía el término por esos lares? sí. ¿Podía decir acaso que no? No, no y no, todo sí. Sí esto, sí aquello. Dicen que una vez le pidieron prestada a su mujer, y ya pueden imaginar cuál fue la respuesta del faraón.
Desde luego no todo era bueno en Egipto, estaban las plagas, el tráfico de esclavos y por supuesto, los arquitectos locos. De acuerdo a los historiadores más prestigiosos, Egipto contaba con la mayor cantidad de arquitectos locos en todo el imperio romano. Era de esperarse. Venían con grandes papiros que explicaban sus locos proyectos, y el faraón, con una sonrisa en el rostro, les extendía la mano y decía la palabra mágica.
Los arquitectos locos pedían sumas alocadas para llevar a cabo sus obras, con las cuales vivían a costa del faraón por años. De todos los arquitectos locos nadie estaba más loco que Usi Thabit.
Usi Thabit soñaba en grande, en pirámides. Quería construir una pirámide enorme, una que deje en el olvido al idiota de Keops. De acuerdo a sus planos, la punta de su pirámide debería rozar la luna, eso de acuerdo al ciclo lunar, siempre aclaraba. Cuando su trayectoria se acerque a la tierra, tocará la punta de mi pirámide.
El arquitecto lo tenía todo pensado, en la cúspide la punta sería cóncava, así la luna puede pasar sin causar daños a mi piramide. Grandioso, dijo el faraón, ¿Cuánto necesita? La palabra mágica. El sí cuasi divino. Usi Thavit gesticuló con sus manos, como si fuese una enorme naranja, como para abarcar todo el oro que necesitaba. La mitad del tesoro, según sus cálculos. El faraón endureció su rostro. ¿Seguro? Usi Thabit se puso rojo. Me atraparon en el engaño, pensó. Muero en mi ley. Afirmó sin decir palabra. Porque si necesita más oro, me avisa. Sabe usted que amo a las pirámides tanto como amo a mi pueblo. Alivio.
El plano de la gran pirámide tenía kilómetros de extensión. Es que está en escala, le decia Usi Thabit a los esclavos que acarreaban piedra. En tres meses termino, dijo el arquitecto, para sorpresa de muchos. Nadie, salvo él, conocía su metodo revolucionario de construcción. Piedra sobre piedra y luego tallar. Eso de colocar soportes y medidas era para los principiantes y poco aventureros. El llegaría a la luna tan pronto como nadie. Tres mil codos reales, según sus calculos.  Algo así como unos mil quinientos metros. Y tres meses fueron suficientes para que el edificio no aguante su propio peso. Se desmoronó encima de Usi Thabit. Los contemporáneos lo llamaban su tumba. El faraón no se enojó mucho ante el desperdicio de riqueza del reino, dado que era un sujeto poco propenso a esa clase de molestias. El tiempo pasó en Egipto y el monumento fallido de Usi Thabit juntó arena. Tanta como para formar un montículo y desvanecerse por siempre en las afueras de El Cairo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Día 1095: Charlas de fusil

Un día me voy a comer a mí mismo. Que le cuenten la vida al caníbal. Un recodo para la verdadera valía del asunto. Es gritar adonde sea acá estamos, partidos, quebrados, vueltos a empezar. El borrón y la cuenta nueva que no sirve, que ya no sirve. Que ya no espera que le cuenten las glorias de un viejo mundo vuelto a empezar .
Es revolver en la mierda en busca de un poco de oro. Reducir la ventaja. El golpe cercano. Un motivo para borrar las huellas. Otra vez. El cielo oscuro otra vez. Repetirse y que no parezca bueno. El florecer marchito. El resumen dentro de un escalafón partido. No va a volver a ocurrir. Creo que no. Es como esos cometas en el cielo. Pasan una vez cada tanto.
Volvimos deshechos, atrasados en el tiempo para el retorno triunfal de las especies. Apunten al fuego, la razón definitiva. No quiero nacer otra vez. Vean y observen. Tomen nota. No quiero comprometer a la causa. Disparen. Sea. Disparen.

sábado, 20 de mayo de 2017

Día 1094: Verdades y mentiras

Vamos a decirlo de una vez: no existe lo que existe sin palabras. No poder velar el poder del tiempo con un atajo. Las cartas debajo de la alfombra. Cosas que no sirven, o tal vez útiles sin ser miradas. Como ese amor roto. Tuvimos nuestro instante. Abrí más puertas y me tragué la llave. Una píldora para mis lamentos.
De todos esos rincones, de perderme en los extremos, no quiero esas palmadas en la espalda, el convite del hermano no reconocido. No me reconozco en la traición. En los muchos espejos el rey observa. El traqueteo del tren sobre mis vértebras.
Una marcha militar en mi funeral. No quiero sentir el disparo antes que llegue la noche. Cuando todo se sienta oscuro y mi voz se deje de escuchar. Volvería a repetirlo aunque me torturen. Soy tan feliz en el error.  Un cuento electrónico sobre mi historia. Van a contar mis mentiras, así me dejan ir, en mi verdad, al menos. Una pequeña, no importa.

viernes, 19 de mayo de 2017

Día 1093: Talento ejecutivo

Es muy fuerte que la cosa fluya no nos deja de pertenecer. En las redes del abuso y el silencio la mente opaca su albedrío. Desde el nacimiento de la córnea fuimos alterados por esas cosas que la vida da por llamar destino.
No quiero morirme acá, sin brillo. Puedo ser moderado en mi destrozo. Llamen a mi madre. Ella va a saber tenerme en brazos. Que me expliquen eso de querer. Un talento ejecutivo. Eso sería si no estuviera muerto por fuera.
Abandonaré el lugar sin hacer mucho ruido. Nunca fui esa clase de persona. Esa u otra, nadie. Un tipo con una cierta facilidad. Ladrón de momentos. Contuve la respiración y me salió bien. El oxígeno me dejará de pertenecer. Así de fácil. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Día 1092: No ser más

Desperdicios en el espacio. Una canción quebrada, sin rima, devuelve el sonido al vacío. Y me pregunto sin preguntarme, qué harán allá arriba, con el tiempo libre, con la manía del encierro. Allá, donde los experimentos son la ley, donde la ciencia es la palabra sagrada. Atados a un pedazo de tiempo que ya no me pertenece. Si pudiera devolver todas las cartas. Agente del misterio propio, mis interrogantes.
Forzaré los límites, una vez más. Por que el acto de ser me empuja hacia una frontera, una que es y no deja de ser, aunque me pierda en sus devaneos. El intento es mío. Allá arriba podré acatar las reglas del espacio. Parecer las figuras recortadas de otra época, un recuerdo amargo.
Abriré fuego en una suerte de incremento. Percibo mi descontento y no será suficiente. No puedo confiar en lo mucho humano que somos. Ahí no hay regla. Ahí no existe la segunda oportunidad. Ahí, el agujero negro, majestuoso, sopletea nuestras narices. Porque la orden está, existe. No ser más.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Día 1091: Cansancio

Alicia se perdió en el tren de la joda y fue maravilloso. Derrapó con la gloria del santo clero y la mescalina asesina. Tomó lo que se caía de la mesa y endureció. Dura, bien dura. Alicia droga linda. Alicia, a la que no le gustan las cadenas. Alicia, que prefiere estar muerta antes que golpeada. A esa y otras cuantas Alicias. Que no es Alcides. Que no está mal dejarla ir. Y que te lo diga alguien como yo.
Alicia encontró el paraíso. Se lo robó a Eva. No quería la manzana de Adán, prefirió agarrarlo de los huevos. A la canasta los huevos. A la canasta la comida. A mí, que poco me importa, la canasta y las cartas. El póker y mi obsesión. De jugarlo todo, de perderme en Alicia y las drogas. De perderme en mí y en todas las cosas que me hacer ver el mundo a través de unos lentes empañados.
Me voy a ir, al mazo o a dónde sea, con tal de sentirme atrás de mis problemas o adelante de lo incierto. De la no pregunta. De lo sincero e inarticulado. Adiós a las Vegas, a las armas, adiós Alicia y tus flores maravillosas. Adiós destino inconcluso. Me van a ver lejos, en otra dimensión. En el corte y en la quebrada. Adiós, fábrica de palabras. Adiós, fábrica de caca. Adiós, hijos de tinta. No quiero más. No quiero más.

martes, 16 de mayo de 2017

Día 1090: La casa muerde

Mandaron a construir la casa con otros propósitos. Tenía un frente muy lindo, dos habitaciones e incluso un baño con ducha escocesa, pero qué mierda, nadie iba a vivir ahí. A nadie se le ocurriría algo semejante. La casa, por supuesto, es una trampa.
Existen ratones pequeños. También los hay obesos. Cuando exceden los tamaños convencionales se los llama humanos. Eso era, una trampa para humanos. La casa provocaba con su encantamiento, un nuevo canto de sirenas. La tentación previa al disfrute. Y se los devoraba. Unos dientes de ladrillo y cemento salían de las paredes. Sin tiempo para misterios mayores, sin aclarados en la trama. Ocurría y punto.
Las autoridades percibieron las irregularidades. Desapariciones, asesinatos, asociadas a la casa. Ante la falta de propietarios, el terreno cayó en manos del fisco. Mandaron a destruirla. La casa, como lo haría cualquier animal agazapado a la espera del peligro, se defendió. Y mordió, trituró, despedazó, con tal de salvaguardar su existencia.
Planas mayores. Altas esferas del estado se activaron.Y sobre sus hombros cayó la responsabilidad de la casa embrujada, o asesina, o lo que sea. Tiraron bombas. Utilizaron retroexcavadoras. Nada la tiró abajo. Con los esfuerzos realizados no alcanzó para destruir la casa. Y no se gastaron más. Construyeron una valla y un cartel. Cuidado, la casa muerde.

lunes, 15 de mayo de 2017

Día 1089: Incitador

Así no ahorramos para sustos, dijo un señor que formaba parte de la cola. Lo dijo un poco alto, como para que el guardia de seguridad lo escuchara. Usted entienda señor, soy un hombre asustadizo, hipocondría del miedo, saben, todo un show. El guardia, atento al señor con poca cordura, descargó el golpe sobre su cabeza. Un hilo de sangre navegó la unión de los cerámicos. Lo mató, pedazo de bestia, gritó una señora. Lo mató, asesino, asesino.
Se congregaron. Este banco perdió la seguridad. Queremos respuestas. Y la insurrección no tardó en consumarse. Los más viejos hacían barricadas, mientras que un par de hombre aprovecharon la situación para hacer un ajuste de cuentas, uno pequeño. El banco tiene nuestra plata, declararon, es hora que nos devuelvan a nosotros, al pueblo, lo que nos pertenece. Esas personas les recordaron unos graffitis que aparecían en algunas paredes de la ciudad, decía: la propiedad privada es un robo. Una frase graciosa, por cierto.
Levantaron al muerto y lo hicieron su Jesús. El santo patrón de los ladrones. Y curioso, el muerto en realidad no estaba tan muerto. Lo creyeron así, por supuesto.  Así sirven los mártires. El hombre quiso decir algo, y el fervor de la gente agolpada en los cajeros desoyeron sus murmullos. Nadie creería sus palabras, aunque obedecieron, a la larga: "prendan fuego todo, prendan fuego todo"

domingo, 14 de mayo de 2017

Día 1088: Segundo borrador

Acaparé la vergüenza, y el olvido. No supe ser el hombre feliz, eso que esperaban de mí. Aterricé sin frenos en una pista prendida fuego. Es útil a mi padecimiento, abrir la herida en el costado adecuado. Vieja ciencia, magia de otros tiempos. No el peligro. Donde fui nos encontramos, parí la delicia del amor fallido, y el cielo encima nuestro.
No digan que lo sentimos cuando el aire quiebra. Atrevido intento de lo que los muertos sueñan. De verdades nos hacemos hasta que no queda nada. Pobre del espíritu, que arrojen los cuerpos por la ventana. Se acabó la prevalencia de la oportunidad.
La idea recurrente, me hago la fantasía para que ocurra, algo aunque sea. No pasará otra ocasión. La nube está encima de todos. Y de la tormenta nadie escapa.

sábado, 13 de mayo de 2017

Día 1087: Placer carnívoro

El sacrificio oscuro, nido de bruja, una receta para la humanidad, el veneno que destila la sangre. La consecuencia del aquelarre, un llamado del paganismo a la calma. En la paz del verso hallo al diablo. Lucifer ven a mí, come de mi carne. Somos tu recipiente, el fin de los mundos y el quiebre del séptimo sello. Una razón de la cábala para esconder la trama mayor, los grandes intereses que juegan ritos masónicos y cónclaves ocultos.
Por debajo de la superficie corremos, junto a las ratas y los secretos de las cloacas. Nuestro cuerpo se alimenta dela necesidad de hacer el mal, de transgredir el orden preestablecido. En lo sucesivo la tentación será mi pan, mi cobijo, mi lanza. Lucifer ven a mí, come de mi carne. El día del juicio se acerca. Caerán mil fuegos y todo será su reino. Bienaventurados los lascivos y las perversiones capitales. El ego ajeno, la cobardía y el asesinato. Traiciones y orgías, hambre y violación. Nosotros somos su recipiente. Lucifer ven a mí, come de mi carne. Nosotros somos Lucifer.

viernes, 12 de mayo de 2017

Día 1086: No seremos más

No es por hacer más grande el agujero. Bueno, en realidad sí. Nos regodeamos ante el morboso final de las palabras, el grandioso túnel negro. La hoja vacía. Volvimos muertos de las vacaciones. Volvimos sin mejores intenciones. Curtidos. Oscuros. Nuestras viejas palabras grandes. Sin atajos, directo adonde duele, adonde corta más y la sangre no se hace suficiente.
El eco en la superficie, las caras que olvidamos. Es el hueco, un refugio para los que necesitan sentir el cuchillo. Lamento gris, furor opaco, nacimos de la semilla equivocada. Vean cuantas vueltas al mundo serán. Puedo caer en la negación y aún afirmarme en el sí. En un extremo mi mano, en otro lo otro. No seremos más. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Día 1085: Imposibilidades

No sé que pretendo con mis ideas. Pienso en voz alta porque así puedo decirle chau a la mierda. Se acumula, incrementa. Valdría un centavo si el costo fuera un sentido de todo lo que me rodea. Quiero olvidar lo mal que me siento pero cada día es un recuerdo nuevo, cada minuto el suplicio último de un ajuste de cuentas que se define y se redefine sobre las vías muertas de mi cerebro.
Es el silencio amarillo del paredón resuelto. No condenarán mi silencio por antojarse espurio. Este ir y venir es lo qu me hace ser, ante todo. Algo que viene y va, atribuye faltas y carcome los rincones de la duda. No volveré a ser el mismo, a cada segundo cambio, me reconfiguro y desconozco la resultante de algo condenado a la falla.
Vendrá la lluvia y seré lo que me determine el tiempo. Me quejo porque puedo. Porque respiro cada molécula y la convierto en muerte o a fin de ser. No quiero que esto termine aunque la queja se eleve a la tropósfera. No quiero. Porque no sé ser de otro modo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Día 1084: Cortocircuito

Problemas de confianza. No sé en qué creer. Tal vez sería fácil si existiera en alguno de los mundos posibles. Por mucho tiempo pude mantenerme en equilibrio antes de enloquecer, pero al final lo que es prevalece. Puedo pensar en las alternativas que restan. Escribir la mejor historia del mundo, satisfacer todos los culos posibles. Indagar en esa cavidad de carne trasera y preguntarme acerca de los dilemas del mundo. ¿Y por qué un caballo en un baño?
No debo hacer zapping con mi cerebro. Tiene que permanecer apagado e inconstante, que así es más cómodo. Debo bajar el contraste y olvidar que existe un paraíso mejor al inventado. No existe lo bajo. Nadie arriba, nadie al costado. Solo lo blanco, lo negro y la nada entre medio.
No más preguntas para el acusado. Condenado a vagar en el tiempo, caminar hacia atrás y ser el cangrejo ideal para una novela de Disney. Así que todo se relaciona con todo y el mundo se viene a pique, de caerse bien caído hacia el Himalaya o cerca del costado. El barco se hunde, y nosotros también.

martes, 9 de mayo de 2017

Día 1083: La reinvención de la muerte

De algún modo voy a renacer. No me preocupa saber cómo. Si la verdad es suficiente estará de mi lado. No soy creyente. No creo en nada. Estar es lo mínimo. Un mayor propósito. El fin de una lujuria sin freno. Podría estar toda la noche escondido en mi cobardía.
Compré el primer premio. El sorteo de mi vida. Así desnudo estoy cómodo, resisto al clima y no me retracto. No voy a confiarme. Algo puede salir mal, siempre. Está la cadena de hechos inalterables y yo en el medio. La lucha de fuerzas, algo que trae un motivo para sobrevivir, uno más, quizás el necesario. Adonde me lleve el alma no es asunto mío.
Doblé la esquina, allá dejé mi capacidad para el asombro. No me siento más curioso por aquello que tiene que venir. Las cosas pasan, de uno u otro modo. Cosas que pasan. En India o Bangladesh. No es distinto. No es igual. Parece y no. Dentro, fuera, dónde abriguen las circunstancias un camino al cual seguir. Ahí estaré, con lo poco que tengo, dispuesto a explotarlo todo y es así que las cosas pasan y a mí que pase, que no me importa.

lunes, 8 de mayo de 2017

Día 1082: Abrumado

No vine a decir lo que ya todos saben. Soy un mensajero de los nuevos tiempos, la criatura definitiva. Causaría un terremoto si con eso me asegurara el propósito para el que nací. Doblaría la seguridad por un minuto de mi tiempo. Alguna vez fui el el extraño en esta conversación de locos.
La novela no se acaba, alguien más maneja el control remoto. Una fuerza que guía el músculo y lo atenaza. Desde siempre estuvimos listos. Para la catástrofe, para el plan o lo que venga. Supimos esconder bien el tesoro. Nadie viene. Nada espera. El precioso tiempo de los relojes me esconde la verdad de mi sombra.
Podré acabar consumado en un rincón. Carcomido por la circunstancia. Abrumado. Eso soy. Muchos puntos rojos en mi frente y un solo premio.

domingo, 7 de mayo de 2017

Día 1081: Desgano

No veré formar la noche. Hay un sentimiento indistinto y no es el mío. El logro está en parecer un hombre vivo para desvirtuar la construcción del aparente. Conocimos esa pena. Alguien la dibujó en la puerta y los dejó pasar. De cuanto negro apagado mi sueño es. No rescinde el contrato. Es una patria alveolar diseñada para pocos.
Manden a sus niños. Ofrezcan el sacrificio. Hay un precio justo y ese es. No reduzcan la marcha. La trama morigera el espíritu. Coerción a todo costo. Demonios del bajo costo.
Así se pondera las causas. Alguien diseña un algoritmo y otro lo obedece. La ley del mundo. Para un mayor propósito o un lucro insolente. No desprovisto de fallas. Los surcos nacen y se enumeran. Para un mejor registro.

viernes, 5 de mayo de 2017

Día 1080: W.W.

Voy a tratar de escribir una poesía. Lo digo porque creo que puedo. Pero es difícil. La palabra se me escapa. Y para hacer al asunto más interesante le meto punto o quizás apelo a un vocabulario más rimbombante que excede mis posibilidades, punto. Y ahí fue el punto. Y otro punto. Esos silencios sepulcrales. Nadie sabe que hay entre medio, comas tal vez, más comas. Otro punto. Aparte.
Y no le encuentro el asunto. Creo que ya fue todo, la vida, la muerte, lo que hay después y la nada. Escribir sobre lo mismo, con lo mismo, a lo mismo. Y ese sentido obtuso de consecución inerte que engaña la buena constitución literaria. No lo es. No es bueno. Es poesía constreñida mis ganas de ser en frases. Mi voz se quedó corta al invento de lo inventable. No se ocurre cosa para contar. Achicar verbos, redundar en infinitivo o la colocación del sustantivo definitivo.
Mi poesía es lo extraviado, mi pertenencia, un diente de oro falso. Es fantasía de hojalata. Quizás a veces no sea. Tal vez es sólo pretensión de ser. Un defecto de fábrica colapsado en letras. Mi poesía puede ser lo que sea o no ser y seguro no deje de ser yo, que soy yo y yo. Y nadie más.

jueves, 4 de mayo de 2017

Día 1079: El tiburón surfista

El amo de la ola. El amo de la puta ola. Allá arriba, en el quiebre del agua. La tabla aguanta el peso, se desliza, parece llevada por fuerzas de otro mundo. El surfista hace una pirueta magnífica antes de entrar en el juego de la cena gratis para tiburones. Un buen ejemplar, de unos veinte metros de largo, se desayuna al otrora amo de la ola.
Y el tiburón, en un rapto de inspiración, toma la tabla. Y surfea, como nunca antes se vio. En la playa quedan maravillados. Un hombre lo señala. Sí, aún el tiburón lleva en su mandíbula la pierna del hijo de este señor.
Saluda con su aleta. Sabe que es el centro de atención y se siente gratificado. Les va a enseñar a manejar el mar, nadie mejor. Nunca un maestro de sus características. Huele a unos kilómetros la sangre de sus admiradores. Bendito alimento. Fanáticos de la ola. Van a venir a saludarme. Vengan a mí.
El tiburón quiere hacerse de un millón de amigos, como esa vieja canción. Todos concurren, con sus armas, con sus arpones. Se acercan en sus lanchas, decenas de marineros avezados, con un único fin. El tiburón les da la bienvenida y el abrazo no se hace esperar.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Día 1078: Pasividad

No me van a ver pidiendo la escupidera. Este es un ajuste de cuentas. Uno de tantos. Ajustaremos hasta que no quede nada flojo. La mala palabra, la prohibición del deseo, postergar el sueño. Alinear los planetas a nuestro antojo, un brillo de otro mundo. Tanto como debemos ser, personas para esta Tierra. Unos puntos caprichosos que pueden cagar y mear.
Respiren las bocanadas de los océanos. Nos despedimos con sorna y temple, abrimos el portal para que caiga el que tenga que resbalarse. Dejen arrastrarse la costra de las circunstancias. No es el menor esfuerzo. Es lo mejor para todos. Y dejar que se arregle solo el entuerto. Al menos hoy. Al menos hoy.

martes, 2 de mayo de 2017

Día 1077: El desgaste de la palabra

Una vida entera antes de desaparecer, ese es el precio. No te diría que adecuado. Es como lo que hay. No más. Nunca tan adecuado. Nunca tan menos. Viralización del tiempo después. Lo que sea que llegue. No lo sé. No me lo sabría decir a mí mismo. O a lo que sea que sea. Que sea. O no. Es mi indecisión lo que vale. El no jugarme por nada. Quedarme en el medio cómodo, aislado.
No tuve la ocasión de presentarme ante los problemas. Quiero llegar tarde y será así siempre. Tengo la muerte a mi espalda y no sé lo que hay adelante. No sé. Me repito porque quiero. Me repito. Y es la insistencia del que palabras dice que nada dice y algo es. Más que significados. Mayor a un sentido último. Es lo necesario. La urgencia del llamado.
La bajeza de lo opaco. El fin. No dar más de lo que piden. Vislumbré el porvenir. Es el espacio adiestrado para el sufrimiento máximo. La instancia en que los huesos se quiebran y no vale el por favor. Una tortura más, el amanecer de la gota de rocío. Un grito apagado. Un grito de no seamos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Día 1076: Robótico

Quise decírtelo todo antes. Me da vergüenza que me veas desnudo, con este cuerpo desperdiciado. Estoy parado junto al borde y me gusta. Seré una noche oscura, un comentario inapropiado. Tal vez deba prepararme para mí regreso antes de que me vaya.
Voy a tener el control. Lo sé. Detener el latido incómodo. Una caricia que no se la ve venir. Voy a oler cada segundo, quiero vivir el momento. Sin preguntar dónde o lo que será. Tengo un plan poco argumentado. No me importa que falle.
Que la paz regrese y sea eso diferente a lo que imaginamos. Un discurso adornado con mentiras, para sobrellevar el mal trago. El reto embrionario. Volver al principio. Tener una cuenta borrada de pasado. El tiempo es hoy, o tal vez no sea nada.
 

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