jueves, 4 de mayo de 2017

Día 1079: El tiburón surfista

El amo de la ola. El amo de la puta ola. Allá arriba, en el quiebre del agua. La tabla aguanta el peso, se desliza, parece llevada por fuerzas de otro mundo. El surfista hace una pirueta magnífica antes de entrar en el juego de la cena gratis para tiburones. Un buen ejemplar, de unos veinte metros de largo, se desayuna al otrora amo de la ola.
Y el tiburón, en un rapto de inspiración, toma la tabla. Y surfea, como nunca antes se vio. En la playa quedan maravillados. Un hombre lo señala. Sí, aún el tiburón lleva en su mandíbula la pierna del hijo de este señor.
Saluda con su aleta. Sabe que es el centro de atención y se siente gratificado. Les va a enseñar a manejar el mar, nadie mejor. Nunca un maestro de sus características. Huele a unos kilómetros la sangre de sus admiradores. Bendito alimento. Fanáticos de la ola. Van a venir a saludarme. Vengan a mí.
El tiburón quiere hacerse de un millón de amigos, como esa vieja canción. Todos concurren, con sus armas, con sus arpones. Se acercan en sus lanchas, decenas de marineros avezados, con un único fin. El tiburón les da la bienvenida y el abrazo no se hace esperar.

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