viernes, 5 de mayo de 2017

Día 1080: W.W.

Voy a tratar de escribir una poesía. Lo digo porque creo que puedo. Pero es difícil. La palabra se me escapa. Y para hacer al asunto más interesante le meto punto o quizás apelo a un vocabulario más rimbombante que excede mis posibilidades, punto. Y ahí fue el punto. Y otro punto. Esos silencios sepulcrales. Nadie sabe que hay entre medio, comas tal vez, más comas. Otro punto. Aparte.
Y no le encuentro el asunto. Creo que ya fue todo, la vida, la muerte, lo que hay después y la nada. Escribir sobre lo mismo, con lo mismo, a lo mismo. Y ese sentido obtuso de consecución inerte que engaña la buena constitución literaria. No lo es. No es bueno. Es poesía constreñida mis ganas de ser en frases. Mi voz se quedó corta al invento de lo inventable. No se ocurre cosa para contar. Achicar verbos, redundar en infinitivo o la colocación del sustantivo definitivo.
Mi poesía es lo extraviado, mi pertenencia, un diente de oro falso. Es fantasía de hojalata. Quizás a veces no sea. Tal vez es sólo pretensión de ser. Un defecto de fábrica colapsado en letras. Mi poesía puede ser lo que sea o no ser y seguro no deje de ser yo, que soy yo y yo. Y nadie más.

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