miércoles, 24 de mayo de 2017

Día 1098: Berreta batalla

Así es la vida, dijo antes de pegarse el tiro. Su rostro monolítico permaneció así hasta que lo cremaron. La familia lo pidió así, una ceremonia íntima para los más allegados. Unas veinte personas en total, que pasaban junto a la urna con las cenizas del muerto, mientras contaban anécdotas de cuando estaba vivo. El café en sus mano marcaba el pulso de la velada. Estuvieron como hasta las dos de la mañana. A un desubicado se le ocurrió poner música. Es para honrar la memoria de Ricardo, dijo, con un poco de vergüenza. Así que nadie se preocupó por ese viejo death metal aceitoso que salía del parlante de su celular.
Nadie salvo un párroco que por casualidad pasó por la funeraria. Lo reconoció. Un asunto personal tenía con esa música del demonio. Según sus registros mentales, el metal escandinavo conducía a la fornicación pre marital y a las drogas de todo tipo, sin contar la homosexualidad y la servidumbre, también homosexual, a Lucifer.
El viejo death metal, la música del diablo. El dueño del celular por un lado, un párroco enfurecido por el otro. Pelearon entre las cenizas del muerto hasta que dieron las once de la mañana. Nadie podía detenerlos. Tal vez insuflados por la música, o alguna fuerza de otra dimensión, quién sabe. No se podían separar. Cosa extraña si lo vieran. Creo que aún siguen peleando. 

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