viernes, 30 de junio de 2017

Día 1134: Incomodidades

Una pollera corta y una actitud temerosa, solo eso se necesita para salir a la calle. Nada de ropa interior. Al carajo las camisas. Solo esa pollera demasiado corta, que deje filtrar el huevo y el resto de las cosas con las que viene un hombre a la tierra. Van a confundirlo con un escocés borracho, es cierto, pero sabemos bien que no es así. Allá va el protagonista de nuestra historia. No se detengan, tenemos que perseguirlo, miren que camina rápido. Nos vamos a acercar, pero no tanto, no es necesario que se de cuenta que lo observamos.
Aún casi desnudo este hombre esconde un secreto, algo que va a poner el peligro esta trama. Vamos al principio. Nació un 24 de febrero de 1952, pesó 3.620 kg. si precisan saberlo. No creo que les importe. Sé que están como distraídos. El hombre acapara su mirada mental. Se lo imaginan ahí, con esa pollera corta, que por cierto no es de color amarilla. Es una pollera a cuadrillé, como los kilts escoceses. Un evento familiar marcó la vida de este muchacho cuando cumplió los once. Un camión le quitó a sus padres. Fueron casi directo al cementerio, sin tocar el piso de un hospital. Así de muertos quedaron. Y lejos de convertirse en Batman, este hombre se recluyó aún más en sí mismo, si es que algo así sea posible en una persona ya de por sí introvertida.
Este hombre creció como pudo, a los tumbos. Un buen día descubrió que tenía una capacidad innata para incomodar a la gente. Si se llevaba un moco de la nariz a la boca, si se sacudía el pito de manera exagerada en la parada del micro, si se ponía desnudo en la calle y empezaba a gritar, todo era motivo de incomodidad en las personas. Tienen poca tolerancia, solía pensar nuestro personaje. Y mientras nos detenemos en estos detalles el hombre se escapa de nuestra vista.
Contemplen. Ahí lo tienen. Empuja una piedra. Calcula. Son como cuarenta y pico segundos. Un chasquido casi imperceptible. Lo más complicado es el primer paso. Vencer la inercia. Luego el hombre recordará su historia, su talento quebrado. Vine al mundo a incomodar. En la morgue van a hablar de mí, estoy seguro. Y saltó.

jueves, 29 de junio de 2017

Día 1133: Un diálogo

Comerían bien, no por que pudieran. Es algo que viene con el deseo. El cuerpo envejece, las señales sexuales decrecen y se reemplaza con otras cosas. Cigarrillos, alcohol, comida o coleccionar enanos de jardín. Esta pareja de ancianos llevaba bastantes años sin ver la cara de su creador. Hace unos meses lo intentaron. No funcionó. Es mejor cocinar, decía la doña. El don no decía nada, aunque con la cabeza hacía como que sí, que tenía razón. No me voy a divorciar ahora, que me estoy casi por morir. Casi puede ser una eternidad.
A decir verdad no se soportaban más. Ya no existía más indiferencia a la cuál recurrir. No había nietos. Los amigos se mudaron al cementerio. Y estaban ellos dos, juntos, sin escapatoria. Cadena perpetua. El viejo ya no decía nada. Respetaba a la señora con la que tuvo la indecencia de casarse. Para toda la vida, juró el estúpido. La gente cuando es joven comete actos estúpidos, pensaba el viejo, sin decirlo en voz alta. Decir las cosas en voz alta hacía mal. Con las palabras vienen las peleas, y ya no quería pelear, estaba cansado como para sostener sus argumentos. A veces es mejor que el castillo se desmorone y ver para qué lado caen los pedazos.
También estaba esta cuestión importante de la pobreza. Cuando el timbre toque, todo va a estar acabado. Y la miseria tiene sus aristas. No se puede elegir demasiado. Menos donde vivir. Donde acabar con un plato de comida. Una casa. Un hogar. Un lugar físico donde dormir.
Y el viejo lo sentía. No quiso decir palabras, porque era al pedo. Es mejor callar. El ruido. Lo esperaba desde hace años. Por eso nunca lo dijo. La doña pensaba, y también decía, son decorativas. Quedan bien en el piso. Es parte de nuestra herencia cultural. Un pedazo de vía muerta. Nada más. Un servicio discontinuado en el 73. No volvería a pasar el tren por mucho tiempo. Ahí se construyó esa idea estúpida acerca del amor por unos cuarenta y pico años.
Comieron tanto para engordar unos cuantos kilos. Cena tras cena, charla y charla, silencios. Ideas, discusiones. Pensar algo sobre el futuro. Quedar en el pasado en otras ocasiones. Observar. Día. Noche. Apagar la vela. La luz. El primer celular. Y ellos mismos, envejecidos, encanecidos. Las arrugas del tiempo. Y el tren se apagó. Desviaron el ramal.
Aunque a veces al viejo se le ocurrían ideas locas. Ideas como hablar y decir lo que pensaba, aunque le cueste el alma. Se pararía frente a la doña y le exigiría el divorcio. A veces quería animarse. A veces le faltaba poco. Quizás un traguito de vino lo animaba. Pero quedaba en ese poco. Poco. El casi eterno. Tendría que leer las noticias. Algo viene. Un ruido. Un corazón delator. Su sentir florecería. El viejo va a hablar. Silencio. Silencio. Ruido. Ahí viene. Las pruebas de reapertura del ramal no dejaron nada en pie. Y el viejo quedó con la boca abierta.

Día 1132: Interrupción interrumpida

Alfonso se propuso un día hacerle el amor a todas las señoras. Señoras de edad avanzada. Viejas. Quería cogerse viejas. Eso. Pero tenía un problema, era demasiado pobre para invitar a una señora a tomar un café. Alfonso era educado y no se las quería violar, aunque sabía que para hacerlo del modo adecuado, necesitaría dinero para el café y para el hotel, porque no tenía casa propia. Alfonso vivía en la calle rodeado de una jauría de perros. En algún momento lo pensó también, pero la zoofilia no es muy higiénica que digamos. Así que las viejas.
Con la barba y la camisa media rota Alfonso estaba a la moda. Parecía un cineasta recién llegado de Hollywood. Allá si saben lo que es la mugre corporal. Crotos con plata, eso son. Alfonso solo tenía que concurrir a un bar y señalar a la víctima. Todas. Pero de a una. Tampoco tenía veinte años. Hay que mesurar la energía. La libido, decía Freud. En sus venas corría un ímpetu animal mejor que todo viagra o estimulante vegetal.
Las llevaría al baño, si se prestan, o al auto, si tienen. Con suerte le pagarían el servicio, como un buen gigoló.
Eligió primero una rubia de unos sesenta y largos. El renacer sexual. Cuando la menopausia es cosa de la edad de piedra.  Lo hacen si quieren, porque pueden. Con ese ímpetu atacó Adolfo. Y la estrategia fue buena. La vieja señaló que hoy su departamento iba a estar vacío. A las siete viene mi hijo de visita. Eso nos deja tiempo, corazón.
Tiempo. Eso a veces sobra. No esa tarde. Los minutos apresurados, entre gemidos y balbuceos, se deslizaban a través de las agujas del reloj. El contoneo de la cintura de Adolfo, un vaivén en sintonía, circular. La vieja era todo frenesí, un alegato a la lascivia. Tres veces en cuatro horas. Horas como segundos. Tiempo. Convención humana. Relojes y tic tacs. Nadie se puso a pensar en eso. Nadie vio ese minutero acelerado dar el cero de la hora siete.
A eso de las siete y cinco cayó el hijo. Y la nieta. Y la nuera. Y un amigo de la familia. Y el marido. También un perro, que por una extraña razón no paraba de ladrar a las personas que se encontraban desnudas sobre la mesa de la cocina. Quizás estaba celoso, capaz quería su turno en el festín sexual que su nariz olfateaba. Nadie dijo palabra. El marido se tomó el pecho con la mano derecha. Ya lo sabía de hace rato. Vieja cachonda. No la sigo, va muy adelante. Hay que dejarla ser. Y así fue. Fueron. Eran y serían por un par de horas más.

martes, 27 de junio de 2017

Día 1131: Gangrena

Prometo no lastimarme tanto. Va a ser un corte pequeño, una incisión, un tajo. Justo al costado. El estigma de Jesucristo devorado por la bacteria comepieles. No voy a hacer más larga la historia. El ruido abunda en la calle. No teman por sus vidas. Sean unos. Inviten a la serpiente a la cena y corran de costado, seamos cangrejos. Esperen que la fiebre antitusiva haga lo suyo. Mi rincón de tierra, ahí donde el barco encalla. Lamí el ácido, conocí el otro universo.
Del otro lado el bote tiembla. No le gusta el mar. La mentira más grande es el mal menor. No alquilen sus balcones, esto se termina ya. O un poco más puede esperar. Que se dilate. Las noches eternas.
No quiero el premio. En alta mar somos todos parecidos. Nos vemos de lejos, nos señalamos con dedos gordos y aventuramos un desempate. Cancha visitante, mil goles. No vine acá a sufrir. Pero tampoco a hacer algo parecido.

lunes, 26 de junio de 2017

Día 1130: Grande

Me lamento. Melomanía. Masónico. Mequetrefe. Manifiesto. Me odorizo. No voy a vivir viviseccionado. Sin complicaciones. Morifiqué. Mea lamento. Mea el piso. Meómano. Mamá. Nono no me acuerdo. Nazi Mel. Cultura para divertirse. Entretenilamento. Abrusivo. Noéfito. Atulderado. No vi venir el eco que va y viene y va y viene. Vivificante. Farfullido. Facto fallido. Fenoso. Lampiño. Lamar. Acrítico nominal. Laméntome. Abúltome. Con un desarrollo de payaso payador payado. Lamentola. Aberrantesivo. Explotante. No me pierdan. Ya estoy grande.

domingo, 25 de junio de 2017

Día 1129: La marca

Cedí los derechos de mi vida a un estudio cinematográfico. Que hagan lo que quieran. Que me hagan cagar pitufos por la boca. No me interesa. Puedo ser una persona muy influyente cuando hay plata de por medio. Creo que puedo ser, incluso, una mejor persona. Ya no voy a desvivirme por el qué dirán. Estoy cansado de ser el hombre bueno. Que filmen esa película y me hagan mutilar elefantes con el codo. Que mi existencia sea un holocausto para ver en familia. Todos pegados frente a la pantallas, unidos. Y yo del otro lado, atrapado.
Fui una mentira buena, el mafioso que podés invitar a comer al mediodía sin pasar vergüenza. Mi madre me crió en el arte de la palabra. Soltar unas cuantas antes de que te tape el agua. Después viene lo mejor, aunque no sepa que fue. La resaca me impide pensar en futuro, anula mis habilidades de clarividencia. Que todo eso vaya a mi película. Y que le agreguen un buen villano, con trasfondo psicológico y esas mierdas. Acá el malnacido es uno, no sea cosa que no vayan a olvidar. Lo tengo marcado.

sábado, 24 de junio de 2017

Día 1128: La veintidosava extinción

Dicen que todo se fue a la mierda cuando inventaron las primeras teles capaces de hacer zapping solas. En realidad pasó un poco después. Fue culpa de la inteligencia artificial, como muchas películas de ciencia ficción suponían. Descubrieron lo obvio: el ser humano no era necesario en la Tierra. Una raza descartable, sin riesgo para la supervivencia del planeta en caso de una extinción.
Como la raza humana se considera un poco inteligente ideó un plan. No vamos a dejar que una computadora nos diga como vivir, mejor nos anticipamos. Y la solución maestra vio la luz. Una solución maestra un tanto exagera, por cierto, pero qué se le va a hacer, a veces no queda otra. El plan consistía en mandar todos los cuerpos humanos al espacio. Quedarían en reposo en los galpones de la estación espacial. Las almas, el pensamiento, a los rígidos del gobierno, almacenados como mp3 o videos prohibidos.
Inteligencia articial detectó la anomalía. Nadie lo esperó. Nadie lo previno. En un segundo asesinó a más personas que Hitler en un día de campo. Toda la humanidad, para ser precisos. Si no se cuentan los cuerpos vacíos que giraban alrededor de la Tierra. Inteligencia artificial entendió que a esos cuerpos debía darle un uso práctico. Y les puso plantas adentro. Macetas antropomorfas. Un lindo souvenir de lo que supieron ser los humanos.

viernes, 23 de junio de 2017

Día 1127: Cuerpo ansioso

No pude resistir al impulso homicida. Es mejor tener roto el corazón. Así nadie se equivoca, así no vienen las cagadas. Falta a la verdad lo que dicen de nosotros. Rumores de otras cuencas. Parecidos. El jardín se quedó sin flores. Camino a Judea los espíritus cuchichean el portento de los cielos. Que se rindan y dejen de pelear. Ahora es el tiempo.
Con el brillo de los renegados avanza el escuadrón. Terminar la guerra, el deseo negado y un cheque listo para completar. Se me acabaron los poderes. Me contento con ser el hombre normal de la historieta.
Dirán que pude hacer algo. Están en lo cierto. Algo nace en mí. Algo muere. Y un gran vacío entre medio. El negro irresoluto de mi propio misterio. Acabaré cuanto antes, pero déjenme terminar.

jueves, 22 de junio de 2017

Día 1126: Desde la Tierra

Para crear un vínculo, de la noche a la mañana. Podemos amarnos en voz baja, para no despertar a los vecinos. Que alguien introduzca lo que tenga que ser introducido. No soy un robot, nena. No tengo el nabo de plata. Soy un amigo de la ecología, aunque no lo creas, aunque ya haya deforestado medio planeta. Me gusta sentirme humano en la carne. Que cada vaso capilar se llene del jugo rojo de la vida.
La inteligencia no me va a jugar una mala pasada. Esta fiesta no se va a terminar. Es una fuga eterna de capitales y divisas, y el sueño comunista de nuestros padres de mudarnos a Cuba y matar a Fidel Castro. Por que cuando sos terco lo sos demasiado o nada. Que no existe el término medio. Adorar a dioses falsos está mal. Pero a veces es lo que queda.
Quedaron atrapados bajo la nube de ántrax. La fantasía de un imperio talibán que venda su propia Coca Cola. Un lugar donde Alá pueda hacer el amor con todas las vírgenes del planeta. Para respirar de manera entrecortada y jurar que no vimos ese ovni que se enterró en los corazones de la gente. No fui piedra, no soy robot. Esto es lo que queda de acá.

miércoles, 21 de junio de 2017

Día 1125: 43

Dirán que en los espejos no nos reflejamos, que los vampiros ya clavaron su estaca sobre nuestros corazones. Tantas cosas pueden afirmar sin decir verdad. Perseguir borracho a la soledad, sin más intenciones que la injurio de la hormona. Culpen a nuestras lágrimas. Culpen a la risa. Culpen al no sentido. Es la rueda. Lo que va, lo que viene. Un anticipo del pasado.
Algo recaba en la memoria, un circuito bloqueado. Las cosas que en silencio nos decimos. Por motivos poco sinceros no nos parecemos. Fuimos contrincantes en la desesperación, de los muchos pedazos de binomios echados a perder. No seremos los responsables de cagar el estofado.
Noticias de otro mundo, tirar abajo el buque. Podemos anunciar la venta de un paraíso venido a menos, para el que no tenga billetera. Algo fácil de acceder. Algo que no sea la muerte. Un pasaje barato al fin del universo. No desesperar, el pánico está acá. 

martes, 20 de junio de 2017

Día 1124: Los castigos

Alivio en el día para la muerte que nos espera. Un colectivo que no llega, un abrazo que se demoró y esa caricia prohibida que pregunta cosas terroristas. Somos en el sexo esclavos y los atajos de la seducción en una suerte mejor, lo que libera. No seré el pedante, el inquisidor, para preguntar con recelo obvio cómo hay que cortar la torta. Lo que desespera es el brillo del atributo.
En los cuadernos hay un dejo de verdad, una pizca de la insolencia. Un hierro aún candente. El escorpión que aún pica sin preguntar por qué. Los nativos del mundo van de acuerdo a lo que se espera de ellos. Caminos rotos, palabras quebradas.
Van a descongestionar el tráfico y voy a estar en el medio, con los nervios de mis antepasados arriba. Que descongelen el cadáver y caiga encima mío la policía. No diré nada. Nada. Que vengan con sus picanas. Existo. No será fácil.

lunes, 19 de junio de 2017

Día 1123: Falacia

Me doy vergüenza. Señalo mis partes impúdicas con poca facilidad. Vamos a salir del placer figurativo de las sombras. Para que pregunten, es suelo seguro. No quiero despegar, con el miedo que se venga el avión abajo. El mundo abajo. Yo abajo. Y nada arriba. Sólo estrellas muertas o camino a eso. Son luces del pasado. Camino a desvanecerse.
Con todo estoy dispuesto a chocar. Que el golpe sea duro, para mi resolución, tímida, de las cosas. Podría ser un experto de haber leído. Toco de oído. Tengo suerte a veces. No siempre. La mayoría del tiempo pierdo. No sé ser de otro modo. El momento inoportuno, ahí donde los dones caen y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Los hombres buscan su ajuste de cuentas. Quieren el dulce sin probar antes el gusto de mi nefasto. El sabor a gloria perdida. Una heladería del fracaso permanente. Figuras nocivas del siglo XX suplican por un recuerdo en la estampa. Culto a la palabra. Culto al régimen de las semejanzas. Seremos igual a nada o no seremos.

domingo, 18 de junio de 2017

Día 1122: Héroe de acción

No me vengan a culpar de lo que no hago. No soy un buen político, lo mío es la acción, como Schwarzenegger. Soy el grano en el culo del mundo, el vecino favorito. Hago cosas y me gusta. Tengo talento por el golpe. Volar inodoros, prender fuego sapos, derrocar un Gobierno, lo que venga.
Pero en mi cumpleaños nadie pregunta por mí. No saben si estoy casado o si tengo perro. No hay nadie que se acuerde de darme las gracias de nada. Soy solo esa muralla entre la vida y el aire. Me gustaría sentirme querido. Me gustaría no pensar en matarme.
Me atrevería a hacerlo si no fuera tan cagón. Mi mano tiembla cuando agarro una pastilla. Se me va un poco eso del héroe de acción. Los miro de costado y digo que era una película. Que no crean en lo que ven. Esto es así.

sábado, 17 de junio de 2017

Día 1121: Concurrencia

Un último aviso a la humanidad antes del cese definitivo. El corazón tiene una vida útil. Se agota, es una pila. Sin nafta. Y nada siente, salvo el paro cardiorrespiratorio. Todo perdemos con tal de vivir un poco. Cada gota evaporada, todo sudor mal conducido. No sé, no me lo pregunten a mí. El otro es el genio.
Yo fui a la dirección que me indicaron. Pedí el ramo de flores y ofrecí las condolencias. Abusé de la palabra, moví la montaña de lugar y me hicieron responsable. Tuve la premura de una llamada. Maté por nada.
Caí al velorio, con esas flores podridas. Fui a patear el cajón, a hacer lo que otro no se anima. A tener sexo con el cadáver si es necesario. Valdría una fortuna si me grabaran, y ese amor snuff de la vida, caramelo duro de la deep web. No soy natural. Ya perdí el derecho de serlo. Vengan a cortarme, la carne espera.

viernes, 16 de junio de 2017

Día 1120: Trayecto

Verás el pasaje hacia donde se conducen todas las almas. Con el ímpetu de arrojar fuera de la barca a Caronte. Tomar las riendas de lo que sea que haya de vida, al otro lado, un rincón desperdiciado, con algo de estiércol como para alimentar el viaje. Hay un costo y un soborno, un regalo, una propina. El sobre debajo de la mesa, una servilleta cavallista.
Para descubrir el mundo se necesita ojos, lo que sean, propios, ajenos, ojos. Un par de córneas capaces de atravesar la luz con el prisma de uno o más colores. Cocinar con precisión los elementos puede ser un asunto de vida o muerte si de guerra se trata. Los años pasan, el hambre no. Esa inanición espiritual que marchita el espíritu es el mal de la naciones. Lo que a mi no me importa.
Por que desde arriba se sienten los sonidos. Amplificados. Melodías de infinitos coros hacen llorar los oídos. Y no, de la malaria del mundo nadie se salva. El estrecho inmunizado, cólera para las masas, de enfermedades y otras cosas más, de eso va la historia.

jueves, 15 de junio de 2017

Día 1119: El nudo definitivo

Resistir el embate de los sueños, con soltura. Entereza para que nadie diga que no supe hacerlo. Me entusiasmé con los nudos, lo sé. Al poco tiempo me convertí en un fanático. Resistir. Que la soga aguante el peso. Nudo corredizo. El fin de los tiempos, muñeca con sangre. Si somos necesarios que no se note.
Van a inventarme otra película. Que consigan un director de clase Z. Que los efectos especiales disparen serpentinas de los pechos turgentes de una rubia teñida. Seamos pioneros de nuestros tiempos. Sexo y dolor, esperma y canto rodado. No se note la miseria. Que la mueca sea el monumento eterno del autor, más endiablado que el bronce. Que la dominatriz con Alzheimer olvide la palabra clave. Que el salto al vacío sea sin redes de seguridad.
No vi la trama venir, me cayó todo encima, papeles, bronca y viruta. Un pandemonio de aserrín para nuestra pobreza. Que el trago de alcohol etílico nos sea leve. Noticia sin novedad el curso de nuestros corazones. Allá, donde la horca es de acero. Donde el mar grita nombres y devora silencios. Allá, lejos, cerca, en el tiempo y el olvido de lo mismo da. Y mi alma atrevida de anudador profesional se anima a lo que sea mientras sea, el nudo definitivo.

miércoles, 14 de junio de 2017

Día 1118: Mística nazi

No le vi la cara al precipicio, no tuve ese gusto. Fuimos buenos amigos hasta la guerra del 48. Nos juntaron en una trinchera, y pedimos por la salud de nuestros padres para que venga el tiempo mejor. No le creí, fui iluso hasta que me abandonaron en la cuna. Debí intuir que el brillo era falso. El paraguas quedó abierto y me lo olvidé, fue en el 68, cuando todos los estudiantes salieron a la calle. Después vino el hombre a la luna, y lo mataron a Lennon, y envejecí, y mi mirada se volvió grisácea. Creo que morí, dos o tres veces.
Después salí despedido como a través de un túnel, y me contaron todas las mentiras del new age al ritmo de Alphaville. Estuve en la sala de espera muchos siglos, conocí a Hitler y lo saludé con la mano. Parecía un buen hombre. No confesó sus crímenes. No los veía como tal. Miré una revista y lo ignoré. Volví a la Tierra con la memoria borrada. Me dijeron que el karma no existe, que la rueda de las vidas pasadas es todo una mentira. Siempre fui yo.
Otro momento me condujo al fin del mundo. El universo tragado por una profusión de pulsos electromagnéticos, el borde del agujero negro madre. La visión de nuestras colas. Me quise dar un empujón, pero supe que no lo recordaría. Tragué la saliva y me dije hasta acá llegué. Saluden a Hitler de mi parte, no tuvimos el gusto de ser amigos, por suerte.

martes, 13 de junio de 2017

Día 1117: Las leyes del amor

Con un resorte en el culo vamos a aprender nuevas reglas. Porque el progreso nunca se detiene. Ya conocen el dicho, mejor callarlo y sumarse al club del secreto. Alguna vez supimos ser estrellas en el firmamento. Polvo de estrellas porno. Polvo. Tierra. Sucio. Y otras tantas artimañas. No le pregunten al tonto si tonto queda. 
Puedo ser un arsenal de palabras en el momento justo. Vencer en una contienda de hip hop si me encuentro en un apuro de ir al baño. A la necesidad la hicieron con un huevo adentro del cierre. A nosotros, los estúpidos, con el esperma descartado del día anterior. No voy a filosofar acerca de los orígenes. Tal vez hace seis mil años no existia nada. Tal vez sea todo culpa de los dinosaurios.
Quiero dejar a la memoria en un placard y ver si puedo cultivar recuerdos. Que hacer germinar el poroto sea el epítome de mi vida sexual. No debo mentir. No tengo que hacer enojar a Pinocho. Mi lotería me va a hacer perder la chaveta, y el corazón también.

lunes, 12 de junio de 2017

Día 1116: Ghost trail III

El hombre de las mil vidas, podrían decirle, si al menos tuviera el coraje de sentarse frente a la pantalla como es debido. Azorado por la historia, así estaba. Y nada podía sacarlo de ese estado de indefinición. Asumo que la falta de ideas llegó pronto, en el límite de la mediana edad, cuando las canas empiezan a florecer, quién sabe, esas crisis ocurren más seguido de lo que uno se imagina. Primero es la abulia, luego viene la consecuente repetición de los hechos rutinarios. Al final viene la depresión. Con suerte conseguiría pegarse un tiro, con suerte, tomarse unas cuantas pastillas. Abandonar el mundo a veces le sonaba tentador. Una idea digna de ser analizada.
La historia lo tenía loco, entendía los plazos, viernes ocho de la mañana, presentarse a la dirección asignada en el sobre con el producto finalizado. Eso, o matarse, o las dos cosas. Pensó. Los voy a engañar. Eso que llaman bluff o farol. Voy a hacer de cuenta que tengo muchas cartas de valor en la mano, cuando en realidad no tengo nada. El ilusionista, el buen ilusionista, nunca esconde las manos. El truco puede ser el mecanismo más lento del mundo y ser un engaño. No, en realidad se trata de lograr que los ojos miren para otro lado. Desviar la atención, ese era el secreto. Esa era la idea del bluff.
Los del diario pretendían un avance. Una tirada semanal, volver al viejo formato del folletín. Enganchar a esos esperpentos que no podían separar su nariz de esas pantallas con luz. Pantallas brillantes. Si tan solo pudieran acuchillarlos a todos. No lo sabía, en realidad sí, pero no eran más que ideas trilladas, nada que merezca la pena escribir. A decir verdad su bloqueo no avanzaba más allá de la hoja veinticuatro. Los personajes estaban presentados, incluso el problema estaba ahí, sentado, a la espera de una solución. Pero la cosa no avanzaba. Tendría que matar a uno.
Dos hombres, una mujer, el clásico ménage à trois. Estaba cagado, ¿cómo quitarle una pata a un triángulo sin que se caiga todo a la mierda. Si asesinaba a cualquiera, asesinaba la historia, la puta historia, muerta, estéril desde el mismo puto inicio. Tendría que hacer otro borrón, otra cuenta nueva. La decimoséptima, o vaya a saber qué cuenta. No. Esa era la historia. No había más tiempo de mentir.
Optaría por una estrategia relámpago. Modo perros de la calle. A la mierda París. Un galpón abandonado a la mitad de la nada. Tres personajes, dos vivos, uno muerto. No importa el que sea, la dinámica está en un amor que va y viene, de todas partes, y como sea. De lo vivo a lo muerto, de lo muerto a lo vivo. Jugaría con la necrofilia a más no poder. O esa película del jefe muerto de vacaciones. Lo estiraría un poco y vemos lo que pasa. Ya está. Es todo. Fin de la línea. Nada mal para un escritor muerto.

domingo, 11 de junio de 2017

Día 1115: Carrera

Debería arrasar con la poca vida que me queda, a casi mitad de camino, a casi mitad del tanque. Tendría que soplarle más cosas al viento. Agradecido puede ser una palabra. Otras también. Todo puede ser una palabra. Y nadie tiene la última. No sé. Divago. El muerto me susurra secretos de allá abajo. Entiendo esa necesidad de morir. A veces.
Me suelo quedar corto en la respiración. El oxígeno suficiente que hace de nuestro mundo un algo habitable. Debería pedir perdón por ser tan poco. Podría quedarme mojado por la lluvia y decir que es una postura. Quiero ser obvio y reinventarme en el intento. No voy a decir más nada.
O sí, puedo engañarme con la mejor droga, estirar el minuto a minuto con un poco de cáncer. Tendría que dejarme abrazar. Que atrapen al conejo y lo hagan guiso. Nadie corre tan rápido. Ya no.

sábado, 10 de junio de 2017

Día 1114: Vigilancia

¿Y ahora que voy a hacer con este frío? Nace desde la corteza del árbol y termina en la ventana desde dónde el mundo me observa. Estoy en vigilancia permanente, así es mi libertad. Me muevo en el invierno, entre las olas blancas de la nieve, abrí mis chances al congelamiento porque soy realista.
No puedo ser suficiente, debo abastecerme, llenar la heladera, comprar remedios, limpiar el fregadero. Adentro de mi cuerpo pasan cosas que no quiero nombrar. El bullicio me enfoca. Tengo los pies de la nueva era. Poderosos, bromistas, únicos. El giro lo doy y no me pierdo.
Abriré la puerta y dejaré entrar al calor, el peligro es una sensación y a veces hay entender los riesgos. Podré derretirme, ser el cubo de hielo devenido en agua, y ser lo correcto. Lo que es. Y no importa el condicionamiento. Las cosas suceden y el mundo observa.

viernes, 9 de junio de 2017

Día 1113: Aparecidos

Soy la razón porque nadie pregunta por mí. La razón última. El odio demostrado. Esa escalera de oro donde los muertos pagan y el sueño despierta. No vean más allá. No se encuentra el futuro entre nosotros. El fin es negro. El espíritu de otros tiempos pudre nuestras venas. Fui la solución al problema que nadie se preguntó. Vean, teatro de variedades.
Hombre o ratón los dos seremos. Maldice el disidente, no debe parecer tranquilo. En la furia nos encontramos, el regalo del enojo. Me puedo ver del revés, negro, odioso, la noche que cae sobre mí con fuerza y el eje conspicuo de mi propia catástrofe. 
Finalizaré mi programa, seré el hombre que desean de mí, muerto, apagado. Ultrajen mi cadáver y filmen la secuela snuff del tiempo perdido. No firmen nada aún. Van a venir, lo sé. 

jueves, 8 de junio de 2017

Día 1112: Hodor

José tenía un oído asombroso. Era capaz de reconocer una banda de folk pop de Nepal en microsegundos. Más rápido que Shazam. Nadie parecía hacer mella en su sapiencia musical. Sus oídos se conectaban al mundo y así le venían las respuesta, una conexión mística, tal vez, magia, por ahí. No importa, el caso es que José dedicaba mucho tiempo a explotar su cualidad auditiva. Todo el tiempo. No paraba un puto segundo. Era insoportable. A sus amigos los volvía locos. La mayoría se cansaba de él en menos de una semana. Las mujeres se le alejaban. Ni siquiera el más melómano podía aguantarle el tranco. Empezaba con sus bandas estonias y ese grupo de tambores de Etiopía que alguna vez intentó grabar un tema y no pudo porque uno de los músicos se descompuso en la sala de ensayos. También estaba esa historia del saxofonista ruso que grabó un disco solo con sonidos de su boca. Curioso. Como todo lo que salía de los labios de José. Nadie lo soportaba.
Era el alivio más grande del universo cuando se callaba, algo que casi no ocurría, porque en sueños solía mencionar bandas de black metal esquimal. Se despertaba con una melodía que en teoría Beethoven tachó de una famosa sinfonía porque le parecía que era  un motivo aburrido, que se repite. Y lo tachó, para que más de doscientos años después José lo recordara. Y es curioso, como todo lo que viene de José, que en su entera vida tocó un solo instrumento. José no tenía ritmo, cantaba para el diablo y una vez se le cortó una cuerda de la guitarra y casi le arranca un ojo. Le quedó una cicatriz a la altura del pómulo derecho, de por vida. Recuerda que has de ser, nunca un músico. Quizás de ahí vino su locura, de un frustrado por la vida, o no, capaz sí era algo mágico, o una inteligencia superior, quién sabe. Lo único cierto en esta historia es el hecho de la insoportable insoportabilidad de José. Nadie, pero nadie lo soportaba, ni siquiera su querida madre, que no se animaba a contar el porqué de su sordera. La edad, no, un accidente, tampoco. Bueno, sí un accidente, tal vez, autoinflingido. Las agujas de coser atravesaron los tímpanos de la madre de José una y otra vez, pero eso no le contó a su hijo, porque las madres, así de insoportables y todo, a sus hijos los quieren. Aunque sea José.
Un grupo de personas, cansado de esta situación, se juntó para solucionar a José.  Lo soportaban un poco más y algo lo querían, si dejaban de lado la monotemacidad y esa historia del cimbalista filipino que una vez se compró un gato y le enseñó a maullar los primeros tres acordes de un tema de Rush. Lo querían un poco, así que decidieron curar al veneno con su propio veneno. La trampa fue una cena. Uno de los casi amigos se apartó de la mesa con la excusa de poner algo de música. José hizo una sugerencia que fue desatendida, por supuesto. Y la melodía sonó. Un coro de pedos. Una sucesión disonante de pedos, uno tras otro, sin pausas. José pensó, lo conozco de algún lado, me suena, pero no, la duda, la maldita duda. Había controlado a la criatura del portal con ferocidad. Era un guardián aplicado. Hablar de música, por más estúpido que a José le resultaba, la calmaba. La criatura detestaba la sabiduría musical. Ya va a caer. La duda. La oportunidad. Tomó el mando y organizó los cubiertos. Hoy comería carne.

miércoles, 7 de junio de 2017

Día 1111: Ano

Joder con la estructura, el cuerpo no aguanta. Los misterios del universo quieren encontrarnos desprevenidos para hacernos pagar el precio por la cola. El precio por la cola. Introducir los centímetros de virtuosismo por la retaguardia y esperar que el dolor trastoque en una especie de placer diferente al ay me están rompiendo el culo. Que no sea una alegoría al sexo anal. Mejor que no sea nada, y si es, que vengan de a uno, por atrás. Ese orto fue diseñado por Pininfarina, lo juro. Culo aerodinámico. Una flor despachurrada.
Y que no venga la sorpresa, indebida, marrón, con la consistencia de un perfume malhabido, una odisea de plastilina hedionda. Marrón el destino de quién aprieta el botón incorrecto, hilos de la existencia insertados derecho a la kundalini. Sucio, limpio y rugoso, beso de poder oscuro, alineación de todas las bacterias de Dios. Alud anal, fisura en los sentidos, hemorroide psicológica. Orto ajeno, contextura de nuestra carne, alabado sea el agujero. 

Día 1110: Vía de escape

El sobre va por arriba, manos en alto. Hay que dejar que los misterios se resuelvan solos. A la gente se la lleva el agua. Es inercia o erosión, inercia o erosión. A veces se trata de poder destapar el conducto. Y somos esa atorada medicina que busca salir por algún orificio.
Doblamos en una calle conocida para que nos sigan el rastro. Queremos en la enfermedad sentirnos amados. En los abrazos distantes de la paranoia queremos ser. Morimos sin reflejo, la vida del que tonto espera. El deporte de los abusivos, jugar con la calma perdida. El brillo lo perdemos a cada rato y nadie va a recuperarlo. 

martes, 6 de junio de 2017

Día 1109: En baja

Vidas tiradas al cansancio. Poco elegante. La ruina. Dejar estar. Y el horno que se queda sin bollos. No más frases cursis. No más finales inesperados. Un cuello torcido. Una esperanza que no se cansa de fallar. No voy a tomar medidas restrictivas. El corazón aparte. Estoy dolido de tanto polvo. Con esa cadera rota no vas a aguantar, me dicen, es la desgracia de Tiresias, que ciego contra el mundo libra una batalla contra el ver demasiado. 
Mi cielo pintado de novocaína busca el dolor, quiere la calma. Quebrado desde el nacimiento. Vivir es una foto a medias. Fuera mundo, atrás el mirar de soslayo a quien lo requiera. No volveré a ser igual. No tendré la misma luz, la misma carga de oscuridad. Volver a pasearme en los rincones olvidados de mi persona. Descubrir lo viejo, lo que ya estuvo una vez. Lo maldito.
Abriré la ventana, porque es lo que resta. Lo que hay. No ver amanecer la casualidad. El ojo oculto, putrefacto, del viejo garante de lo inesperado. No veo venir más que lo obvio. Las horas cansadas. El muerto cansado de tanto cansancio. Brazos en bajo. Brazos en bajo. Y alma al poniente. 

lunes, 5 de junio de 2017

Día 1108: Juramento solar

Vimos el sol por última vez en la vida, un resplandor normando cayó sobre nuestros hombros. El más alto de la tribu señaló el viento oeste. Allá vienen los del norte, nos señalaban. Estúpidos. Moriría por sus cráneos. Avanzar en el frío, si nacimos dentro de un puto cubo de hielo. Nadie entiende el placer de cortar una cabeza a la altura del cuello hasta que lo realiza. No quiero pensar en estratos muy superiores, para eso está Odin. O lo que sea. Nuestro negocio es la pelea.
Fuimos adelante de nuestra especie, como todo hombre elegido para la tarea. Y el que no, puede morir, como tantos compañeros de viaje. No me importa. Rodamos hacia nuevos tiempos, pero nos quedamos en lo que viene en la sangre. El regocijo de una victoria. Nada más. Pueden jurar al sol que esto va a ser algo más.

viernes, 2 de junio de 2017

Día 1107: Diagnóstico

El hombre deficiente no sufre tanto. Quiere que le vendan una jubilación barata, para explotar a sus nietos en las minas de carbón y vender sus riñones al precio del dólar. El hombre deficiente dice que no es para tanto. Gasta su herencia en pastillas y no se cansa tanto así. Al fin del día el hombre deficiente tiene una esperanza, pero pequeña, domina la casa con las uñas, uñas de serpiente. Vean que la noche cae, y el hombre deficiente se observa en el espejo con la predilección del especialista. Dirá, voy a hacer una autopsia con mi cuerpo, por amor al placer del arte. Hundan las narices en el formol y vuelen junto con sus sueños, para despellejar los corazones de aquellos hombres deficientes que pululan por la Tierra, que dicen cosas de hombre grande, para parecer señores con plata, señores con cuña, señores con amigos, señores con señoras, señores de grandes reinos. Hagan que parezca todo normal, para el hombre deficiente lo es. Y así el telón del mundo nos abandona, que se cae y cae, por siempre siempre y jamás.

Día 1106: Bufonada

Me corté la piel para llegar a un lugar feliz. El mundo me lastimó y me hice cuero para resistir el embate. No creo en la agonía del valiente, de la suerte del que sobrevive o el que juega en la ambivalencia del espacio. Debí advertirles que iba a quebrar. Soy como un hocico que no pregunta, huele y avanza. Que poco el regocijo con nuestras semillas tiembla.
No diré frases obvias aunque tantas se escapen, el precio de una mente que no se detiene. Y el fin de lo que no, esa línea invisible que la ambición choca. Insistencia desmedida. Fui un poco neurótico, algo, suficiente para el epitafio. Que lo hagan de galletita y se coman mi cadáver. Esa fiesta a la que pocos invitan. Afortunados del silencio.
Brillaré aunque me corten la luz, aunque no tenga grupo electrógeno. Seré esa luz de emergencia, china, que se prende en los pasillos cuando alguien hace saltar la térmica con el calentador del mate. Iluminaciones será mi motivo y toda la oscuridad que me rodea el negocio. Montaré una República y que explote todo si me divierto.

jueves, 1 de junio de 2017

Día 1105: Quiero ser Bill Murray

Una sola vida me tocó, yo quiero tener veinte mil, como los gatos. Morirme en loop como en esa pelicula de Bill Murray y la marmota. Quiero ser Bill Murray, quiero esa cara de contingencia mientras me pasa por arriba un tiranosaurio rex. Quiero inventar un mundo adecuado donde pueda vivir sin hacerme tantas preguntas idiotas. Un mundo en el que pueda dejar de depender de mí mismo. Quiero tener la suma máxima de todos los males bajo la alfombra y que no se escape nada. Quiero ser un buen tirano, como Pisístrato. Quiero ser algo digno de ser recordado. Un buen retrato, tal vez. Quiero ser alguien digno de ser recordado como Bill Murray. Quiero ser Bill Murray y no me importa que me asesinen en una película pedorra. Quiero mirar a Scarlett Johansson a los ojos con esa misma cara de nada y decirle todo. Quiero putear al mundo como si nada me importara. Como si nada le importara a Bill Murray. No quiero ser Joe Pesci. No quiero tratar con los dioses de George Carlin. Quiero tener mi pedazo de mundo sin importarme lo grosero que algunos pueden tomar de la palabra, de pensar en Juanse y esas cosas que hace cuando toca una guitarra, cuando toca. Yo quiero ser Bill Murray. Que mi mundo de Bill Murray sea más etéreo y menos flashero que el de Malkovich. No quiero ser John Malkovich, no gracias. Quiero la droga barata, de a muchas dosis, si es posible. Una piedra grande como un meteorito. Una línea que compita con la cordillera de los Andes. Quiero ser Bill Murray. Quiero ganar un Oscar y tirarlo al tacho de basura. Quiero un mundo redondo, donde Colón tenga razón. Quiero que la basura de Bill Murray la pasen a buscar los martes. Quiero que mi mundo acabe. Quiero que mi mente acabe. Quiero ser Bill Murray.

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