lunes, 12 de junio de 2017

Día 1116: Ghost trail III

El hombre de las mil vidas, podrían decirle, si al menos tuviera el coraje de sentarse frente a la pantalla como es debido. Azorado por la historia, así estaba. Y nada podía sacarlo de ese estado de indefinición. Asumo que la falta de ideas llegó pronto, en el límite de la mediana edad, cuando las canas empiezan a florecer, quién sabe, esas crisis ocurren más seguido de lo que uno se imagina. Primero es la abulia, luego viene la consecuente repetición de los hechos rutinarios. Al final viene la depresión. Con suerte conseguiría pegarse un tiro, con suerte, tomarse unas cuantas pastillas. Abandonar el mundo a veces le sonaba tentador. Una idea digna de ser analizada.
La historia lo tenía loco, entendía los plazos, viernes ocho de la mañana, presentarse a la dirección asignada en el sobre con el producto finalizado. Eso, o matarse, o las dos cosas. Pensó. Los voy a engañar. Eso que llaman bluff o farol. Voy a hacer de cuenta que tengo muchas cartas de valor en la mano, cuando en realidad no tengo nada. El ilusionista, el buen ilusionista, nunca esconde las manos. El truco puede ser el mecanismo más lento del mundo y ser un engaño. No, en realidad se trata de lograr que los ojos miren para otro lado. Desviar la atención, ese era el secreto. Esa era la idea del bluff.
Los del diario pretendían un avance. Una tirada semanal, volver al viejo formato del folletín. Enganchar a esos esperpentos que no podían separar su nariz de esas pantallas con luz. Pantallas brillantes. Si tan solo pudieran acuchillarlos a todos. No lo sabía, en realidad sí, pero no eran más que ideas trilladas, nada que merezca la pena escribir. A decir verdad su bloqueo no avanzaba más allá de la hoja veinticuatro. Los personajes estaban presentados, incluso el problema estaba ahí, sentado, a la espera de una solución. Pero la cosa no avanzaba. Tendría que matar a uno.
Dos hombres, una mujer, el clásico ménage à trois. Estaba cagado, ¿cómo quitarle una pata a un triángulo sin que se caiga todo a la mierda. Si asesinaba a cualquiera, asesinaba la historia, la puta historia, muerta, estéril desde el mismo puto inicio. Tendría que hacer otro borrón, otra cuenta nueva. La decimoséptima, o vaya a saber qué cuenta. No. Esa era la historia. No había más tiempo de mentir.
Optaría por una estrategia relámpago. Modo perros de la calle. A la mierda París. Un galpón abandonado a la mitad de la nada. Tres personajes, dos vivos, uno muerto. No importa el que sea, la dinámica está en un amor que va y viene, de todas partes, y como sea. De lo vivo a lo muerto, de lo muerto a lo vivo. Jugaría con la necrofilia a más no poder. O esa película del jefe muerto de vacaciones. Lo estiraría un poco y vemos lo que pasa. Ya está. Es todo. Fin de la línea. Nada mal para un escritor muerto.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...