jueves, 29 de junio de 2017

Día 1133: Un diálogo

Comerían bien, no por que pudieran. Es algo que viene con el deseo. El cuerpo envejece, las señales sexuales decrecen y se reemplaza con otras cosas. Cigarrillos, alcohol, comida o coleccionar enanos de jardín. Esta pareja de ancianos llevaba bastantes años sin ver la cara de su creador. Hace unos meses lo intentaron. No funcionó. Es mejor cocinar, decía la doña. El don no decía nada, aunque con la cabeza hacía como que sí, que tenía razón. No me voy a divorciar ahora, que me estoy casi por morir. Casi puede ser una eternidad.
A decir verdad no se soportaban más. Ya no existía más indiferencia a la cuál recurrir. No había nietos. Los amigos se mudaron al cementerio. Y estaban ellos dos, juntos, sin escapatoria. Cadena perpetua. El viejo ya no decía nada. Respetaba a la señora con la que tuvo la indecencia de casarse. Para toda la vida, juró el estúpido. La gente cuando es joven comete actos estúpidos, pensaba el viejo, sin decirlo en voz alta. Decir las cosas en voz alta hacía mal. Con las palabras vienen las peleas, y ya no quería pelear, estaba cansado como para sostener sus argumentos. A veces es mejor que el castillo se desmorone y ver para qué lado caen los pedazos.
También estaba esta cuestión importante de la pobreza. Cuando el timbre toque, todo va a estar acabado. Y la miseria tiene sus aristas. No se puede elegir demasiado. Menos donde vivir. Donde acabar con un plato de comida. Una casa. Un hogar. Un lugar físico donde dormir.
Y el viejo lo sentía. No quiso decir palabras, porque era al pedo. Es mejor callar. El ruido. Lo esperaba desde hace años. Por eso nunca lo dijo. La doña pensaba, y también decía, son decorativas. Quedan bien en el piso. Es parte de nuestra herencia cultural. Un pedazo de vía muerta. Nada más. Un servicio discontinuado en el 73. No volvería a pasar el tren por mucho tiempo. Ahí se construyó esa idea estúpida acerca del amor por unos cuarenta y pico años.
Comieron tanto para engordar unos cuantos kilos. Cena tras cena, charla y charla, silencios. Ideas, discusiones. Pensar algo sobre el futuro. Quedar en el pasado en otras ocasiones. Observar. Día. Noche. Apagar la vela. La luz. El primer celular. Y ellos mismos, envejecidos, encanecidos. Las arrugas del tiempo. Y el tren se apagó. Desviaron el ramal.
Aunque a veces al viejo se le ocurrían ideas locas. Ideas como hablar y decir lo que pensaba, aunque le cueste el alma. Se pararía frente a la doña y le exigiría el divorcio. A veces quería animarse. A veces le faltaba poco. Quizás un traguito de vino lo animaba. Pero quedaba en ese poco. Poco. El casi eterno. Tendría que leer las noticias. Algo viene. Un ruido. Un corazón delator. Su sentir florecería. El viejo va a hablar. Silencio. Silencio. Ruido. Ahí viene. Las pruebas de reapertura del ramal no dejaron nada en pie. Y el viejo quedó con la boca abierta.

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