lunes, 31 de julio de 2017

Día 1161: Estertor

Dejaré mis preguntas acá. Ya no tengo más curiosidad de mundo. Quiero la muerte de mi cerebro para que la vida siga su rumbo al deceso que me toca. Seré tenaz, para no caer en la fija. Sobraré si es necesario. Para no despedirme de mis amigos dejaré de tenerlos. Este traje roto me va a quedar bien. No habrá funeral. Cierren el cajón.
Basta de sorpresas. El mundo ya fue hecho. No estamos para reescrituras. Perdidos. Este timón ya se rompió. Nuestra alabanza se erige en un océano de no creencias. No seamos. Existir es lo obvio. Son cosas que no significan algo. 
Diferentes alter ego. Diferentes composiciones. Laceración. No pertenezco al cuerpo. Esto va más allá. No seré suficiente. Ya. Corto. Adiós. 

sábado, 29 de julio de 2017

Día 1160: Cirujano

No me van a tratar así, si alguna vez estuve hecho de goma. Tal vez fui el maniquí de sus caprichos, un pedazo de plástico listo para la rotura. Andaré sin suerte para el amor. Soy lo que prefieran, un tarado o la resultante de un horóscopo fallido, o todo. Vale poco mi observación, subí hacía el costado un punto más.
Tengo consciencia de la esclavitud. Allá están mis cadenas. Acá, las manos. Una sintonía a la distancia. Y mover los hilos del mundo es el destrato que sufro. Un mundo movido. Ya no se ven venir mayores cambios. Soy el cambio.
No se pueden apropiar de la palabra. El reino es anarquía. El rey pierde la cabeza, y nosotros también. Resolvimos el problema y fuimos otro problema. La reunión con mis pares me absolvió de tu presencia. Ya no estamos juntos. Ya no es amor. Que el tiempo decida, y transforme. Yo opero y soy.

viernes, 28 de julio de 2017

Día 1159: Tántalo 2.0

Nos volvimos reciclables. Todos los árboles del mundo talados por un gramo de oxígeno, una hoja o un cigarrillo. Fue nuestro último suspiro previo al amanecer. Miles de estrellas abren la puerta del cielo. Un viaje sin retorno, infinito, sin medir. Somos hijos de cassettes tirados a la calle. Canciones viejas, ranking en sepia, gris mojado.
Por estirar la última palabra nos conglomeramos. La pieza que falta a todo este misterio, ya no iremos a bañarnos al río. No será necesario el glamour de nuestro silencio. No más gente que conspire en la oscuridad por lo feliz que puedan ser otros. Más energías desperdiciadas. Más de la misma historia. Más que me repito en las palabras. Mi homenaje al autoplagio, serpiente apoyada en su boca.
Podemos ir tan lejos para decir lo mismo. Para sentirnos en casa y abrir otra botella. Un trago apurado, semillas que ya no vienen al caso. Demuestren que ya no somos. En esta confusión de hechos y cariños atolondrados. Decires espantosos son la catapulta de los nuevos tiempos. No sirvan más el vaso, está muy lleno y la sed nunca va a ser poca.

jueves, 27 de julio de 2017

Día 1158: Estadía

Tengo miedo a decir lo que quiero. Algo me atraganta el miedo a que la lengua me traicione. Una amalgama de errores en mi vida. No me confundan. A veces estoy más allá. Pero cerca. Toco con el cuerpo del crimen mis lágrimas. Toco y no siento. Toco y veo. Retorno hacia el origen. No tendría que llamar al fantasma de mi pasado para que acose a mis acosadores. No debería ser tan malo. No porque no pueda. Quiero y deseo.
Volvería al cuarto negro. En un rincón de sangre que vuela lejos de mis venas. Allá donde los castigos son el permitido de la noche. El pecado de todo lo que fuimos se coagula dentro de la piel para hacer que nazca una nueva especie.
Mataría por hacer el nuevo hombre, ese del que habla la leyenda. Volvería a hacerlo por la causa. Pero el miedo es lo que me mata. El miedo de querer algo y tenerlo, del deseo y el poder de convertirme en algo que seré por mucho tiempo, hasta que la muerte me alcance.

miércoles, 26 de julio de 2017

Día 1157: Traspaso

Astuto el anciano. Viejo taimado. Me puso a observarlo, con ese ojo maldito, azul. Quiso que repita toda la perorata del cuento de Poe. Un corazón para delatarte, un órgano alcahuete. No dejé que siguiera demasiado con esa historieta. Lo maté antes de que diga algo respecto a mis sentidos aguzados. Una boludez. En realidad quería callarlo. No paraba de hablar y hablar.
Aún su voz muerta se exprime contra los recuerdos de mi cabeza. Es peor que confesar el crimen. Ni siquiera sé como silenciarlo. Es un fantasma molesto. Para callarlo tuve que matarme. Fuimos dos fantasmas golpeando las tablas. Tablas que delatan. Ectoplasmas buchones. Nada de corazones. Las personas desoyen estos llamados.
Así que al viejo lo seguí a la otra vida, que es un poco lo mismo que cuando respiraba. Nada más que acá, en el otro mundo, él calla y yo hablo. No paro de escribir tonterías, y tampoco de decirlas. Hablo sin parar, como si el aire fuera vida. Vida que se me escapó, vida que ya no tengo. Y el viejo sonríe, viejo estúpido y taimado. Él sabe que me contagió su alma, y estas cosas no, estas cosas no se quitan.

martes, 25 de julio de 2017

Día 1156: La esfinge

Jugaría a ese ritual de la verdad una vez más. Puedo atreverme a hacer las preguntas correctas. Perdí el miedo, uso otro traje. En la ignorancia nos reconocemos aunque el engaño sea otro. La sangre es gustosa de llegar al río, y así continúa.
Sombras de indómito carácter, que se abalanzan sobre mis deseos con la fuerza de mil hombres. Ellas interrogan, yo respondo. En su refugio estoy, la vida se acorta. Las horas y el sueño. Mi apatía en la compañía del silencio.
Abriré otra lata para satisfacer el hambre de la superficie. Seré consecuente aunque la misión no lo requiera. Propondré una nueva patria, un nuevo nombre. Que envíen todo el correo a esa dirección. Las almenas están preparadas. El enemigo avanza, y yo también.

domingo, 23 de julio de 2017

Día 1155: Inexistencia

Predije el huracán. Fui el que vino sin antes haber sido. Dormí afuera para tener a los demonios a raya. Supe tener una juventud eufórica antes que llegue el fin de mis tiempos. Cumplí la era. Soy el pasado. El hombre está muerto. Esa mecha se extinguió. Fue una historia contada por alguien más que un idiota. El ruido está muerto.
No volvería al invierno aunque me paguen por consumir frío. Estoy más adelante que lo que puedo llegar a ser. En otro tiempo, tan vez ayer. Que no quiero encontrarme desnudo sin antes permanecer vestido. Que puedo atarme a mis costumbres antes de correr a la libertad.
Tuve la suerte de advenir algo. Una tormenta que en mis tiempos era viento y condensación. Pude refugiarme y ver morir mi cuerpo. Ascendí a las nubes, fui lluvia. Caí a la tierra y fui sedimento. De ahí, la caída. No fui más.

sábado, 22 de julio de 2017

Día 1154: Centro de la negación

Una sirena en el mar, por si vienen las tiburones. Es prevenir a lamentar. Los bichos se comen todo, sed de sangre tienen. También el cocodrilo siente. El corazón de un depredador está lleno de ideas. En lo más profundo de la selva un delincuente hace lo suyo. Puede cortar los restos en mil tiras que humano queda. O cadáver es. Hay que sobrevivir el invierno. El duro frío.
Hagan una colecta por el hambre. Busquen el señuelo de las cosas. Abriguen una esperanza estúpida. Y por favor, no los dejen entrar. Afuera es lo malo. Nadie quiere en agujero en el cerebro. Ellos nos quieren muertos.
La canción puede ser la misma. Otra. Y diferente. Al cambio nos acostumbramos. El socio más temible del hombre. Tiempo que no nos queda. Agujas que ya fueron quemadas. Y nosotros, un solo espíritu, ágil y furioso, que lamenta y resiste.

viernes, 21 de julio de 2017

Día 1153: Me voy a entregar

Me voy a entregar. Ya pueden meterme preso. Sus balas no significan nada para mí. Al costado la dialéctica. El barrio somos nosotros. O las personas. Y eso que representa, un punto canceroso en las aspiraciones de la gente. Robé con la intención, con la idea. Fui alguien más. Es lo que nos gusta. Representar el papel.
Quiero volver a algo. No sé a qué. En un estado primitivo está la agonía de mi robo. En ese estado todo puede ser justificado. Estado de cosas. Pongo un orden a mi desorden, antes de que todo se vaya al carajo. Vengan de a uno. 
No pongan trabas al ingenio. Deseo divino del creador de verme entre rejas, abandonado al suplicio de lo que piden por una nueva oportunidad a un Dios que hace tiempo dejó de existir. Existe para nosotros, para nuestro corazón, un pequeño Dios caprichoso que escucha lo que quiere, que hace lo que se le antoja, que nos refleja una verdad truncada. Puede venir una avalancha, con todos los sentimientos encima, cargado hasta el tope. El deseo, otra vez el maldito deseo, eso que me va a entregar, a las autoridades, derecho al penal. Que no importa. Que no importa. El alma va sola contra lo que todo quiere y nada alcanza. Si algo alcanza, es suficiente. Para mí, para todos, para ellos. Me voy a entregar. 

Día 1152: Pus

Un filo me corta desde adentro. Es la necesidad que urge repetirse en acto. Soy otra vez contra la tempestad o la calma o el entre medio. Soy ante lo que venga y muero en eso. No haré la objeción conciente. Ya sé lo que viene. La tormenta de mierda que enchastra las ventanas. Vamos a quedar encerrados por semanas, con el regalo de nuestras caras. Caras que miran caras. Y nada por hacer. El aburrimiento, el mero spleen. El mal actual de cortar la luz. Nada por hacer. Somos efímeros.
Vale una noche, un momento. Y el corte en lo oscuro que para eso somos, muerta la luz, muerto el aire, y las sensaciones mediante. Desde la otra mirada vuelve. Es un camino sencillo. Una formalidad. Nacer para carnear al gusano. Que el pasto haga su trabajo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Día 1151: El padrino

Rescindí el contrato. La vida me hizo una oferta que no pude rechazar. Fue salir al baldío. Fue empaparme hasta las rodillas. Fue hacer caso omiso al hambre, a la sed. Fue lo que tantos hombres desean y tan pocos tienen. Fue la investidura de un vagabundo que me increpa en la calle con su aliento seco de vino tinto barato. Fue la voz de mi madre que decía, entre tantas otras cosas, que me cuide del frío y la merca. Fue el silencio que cauteriza la herida antes de la muerte definitiva, que la oleada de mierda no me toque la cabeza. Fue perderme en la torcedura de las reglas para salir a flote hecho cadáver. Fue la contribución de los espíritus a la causa. Fue beber del pozo seco aunque solo de bebida trague barro. Fue consolarme en el peor momento, de la mentira del todo está bien al se hace lo que se puede. Fue conquistar el abismo de la patraña filosofal, escarnio de mentes, trituradora de carne. Fue como la alineación de algún equipo ganador se filtraba en nuestros recuerdos. Fue la vida con su culpa y la tendencia, estupida, de explicarlo todo, aunque no sea nada.

martes, 18 de julio de 2017

Día 1150: Sutilezas

Soñar con la diferencia. Un minuto de más. Con el grillete apretado se suma al contoneo de la madre libertad. El por favor es mi obsecuencia, la necesidad de quebrarme en tantos pedazos como pueda. Me abrí a la posibilidad del colapso de los mundos. Teoría difundida. Explicada.
Nuestro descenso. El inminente. Para refugiarnos en las catacumbas están las preguntas. El necio, el arrogante, el que no encuentra sentido. Todos ahí, unidos, en la parafernalia del sacrificio.
Con lo menos hacemos algo. Es la alegoría del pobre. Donde todo aprieta y nada alcanza. La madre irá a la escena del crimen para señalar a su hijo. Volver a casa. No hay opción. A veces mañana es diferente.

lunes, 17 de julio de 2017

Día 1149: Seis de mayo

Aburrí. Corté con mi pareja un cinco de mayo, a falta de una mejor fecha, y desde entonces intento recuperarla. Le envío flores, mensajes. Una vez le regalé un elefante. Sé que le gustan los animales grandes. Capaz exageré, lo sé. Intenté olvidarla, después me viene a la cabeza esa cosa de los mexicanos y la tequila y se me van los pensamientos otra vez. Me ahogo en ella, es mi fuente, mi tortura chica. Es ella. Así la quiero. Es un desmadre mi vida.
Tu cara se me aparecía en la televisión, en los crucigramas. También en el baño, durante esas tareas asquerosas a la que nos consagramos los seres humanos. Una vez probé con el suicidio y me di cuenta que no era lo mismo. No sirvo para matarme. Tampoco sirvo para vivir. Esta cosa entre medio que sos lo que fuimos es algo que me mata en vida sin matarme. Y me confunde, mierda que me confunde. También me hace enojar, pero eso no pasa siempre. Soy un tipo tranquilo a pesar de las apariencias.
Leí filosofía y algo de autoayuda. No encontré nada. Me sentí como ese nabo de la canción de The who que busca, busca y nada encuentra. Un fracaso absoluto. Ahí, derecho a la nada misma. Intermitente, como todos mis proyectos. Tengo un trabajo a medias. Una familia a medias. Un corazón a medias. Y una relación partida que a veces dudo pueda recomponerse.
Ese cinco de mayo mi orgullo mexicano se enciende en una botella de mezcal a medio vaciar. Me pregunto dónde dejé el gusano. El gusano de la vida. Que quita y trae. No sé. Me lo tragué. Me sale bien emular canciones estúpidas. Como esa de the who. Canciones que transpiran filosofía a través de esos cuerpos cargados de música vacía. Música de nada. Pero no olvido que la quiero, aún en la imposibilidad de mantener el alimento en mi estómago. Puedo vomitar toda la noche en su honor, es mi homenaje. Esto puede ser lo mejor de mí. Y otra canción va.

domingo, 16 de julio de 2017

Día 1148: La colina

Subieron la colina tal como se los indicó el guardia. El peligro abajo es lo negro, así decía el folleto. Estúpidas convenciones escritas por gente de poca experiencia. No están ahí, en el codo a codo con los portales interdimensionales. No es como en las películas, saben, agregó el guardia antes de abrir el portón que resguarda el vórtice. Mierda que no.
Según el criterio con el que se avance lo negro toma forma. A veces los colores invisibles pueden combatir el contorno. Pero arriba estamos lejos del quilombo. Abajo. Donde procrean esas cosas, en la libertinaje de la energía no contenida. Abajo es la tentación. El mundo de los vivos.
Y ellos, los muertos, sentían el llamado. El guardia advirtió del poder seductor de la vida. Era el límite. El que resguarda la seguridad del pasaje. Adonde las almas concurren. Lo negro. Alguna vez deseó saltar. Como todos.

viernes, 14 de julio de 2017

Día 1147: Cierralatas

Abriré la herida para que supure lo que lo venga. Nací en el odio, no quiero más. Crecí en mi miedo. Debo incrementar lo que sea. El límite del pánico. Y sin el beneficio del mundo que culmina en su borde. Inquisidor. Abrelatas. Salir afuera con indistinto tiempo. Los dioses han muerto.
Que se hagan cargo de la avería. No resignará la gloria del tiempo pasado.  Más hondo que nunca. Que me hablen del inconcluso. Jamás toqué esa frontera. Los ojos no se hacen para ver.
Después el suicidio de los de nuestra clase originan la vida. El convite de las razas. La muerte original. No volvimos a la herida. Cerramos. Y es.

jueves, 13 de julio de 2017

Día 1146: La máquina de complacer

Valdría un millón de dólares. Sería el invento del siglo. Pero voló el muchos pedazos. A través de la ventana salieron los restos de un experimento fallido. La máquina de complacer. Un brazo que se extiende y dice, todo va a estar bien. Todo va a estar bien. Y no. Nunca lo está. Nunca. Viene el cuco y te mete dentro del placard. El cuco abusador.
Tocar puede ser lo correcto, en el lugar adecuado. Lo único del alma que no se deja ir. Lo que queda. Permanece. Y el vivo acosador recuerdo de nuestras semejanzas. Fuimos uno con el mundo para lo mucho que queda. La lucha de uno contra todos. Así nacimos. Desviados en la cuna. Un polvo de la alegría se escurre a través de mi nariz.
La máquina de complacer no señala. Está de acuerdo en lo que sea. No hay discusiones. No más argumentos deformes. La vida en su conjunto es lo que somos. Y a través del caño nos escurrimos. Con fuerza la sopapa. Escurre y tira. Y la máquina no deja de funcionar.

miércoles, 12 de julio de 2017

Día 1145: Tumba por colectora

Mi cuerpo alumbra a miles de coreanos tratando de hacer una geometría imposible. Gerentes del caos, observen mi alcantarilla. Que me rescaten del agujero en donde me metí. ¿A cuántas millas por hora puede andar una batidora? Son preguntas que importan. Que cuelguen la noticia de las patas y que me rebanen el ombligo. Acá estamos para cosas importantes.
Patalearé hasta que me queden fuerzas, hasta que corten la luz. Los arrastrados por sus novias, las peligrosas plumas de flamenco. Con no ver esa situación caer de mi nariz. Con el bloque, la dureza del cristal que se coagula en la vena. La droga pasa, la vida pasa, los plásticos de las sillas pasan, y nada permanece.
Voy a quedar tumbado, culo para arriba, abierto de espaldas al mundo, para que cuenten la historia al mejor postor. Para que esa verdadera satisfacción quede atorada en el borde del inodoro, adonde los valientes quiebran. De culos y tumbas se trata este funeral. Culos y tumbas. 

martes, 11 de julio de 2017

Día 1144: Otro negocio arriesgado

Por algún lado lo leyó, o quizás por internet. El asunto es que a Don Nicasio se le había ocurrido otro negocio arriesgado. El hombre de las apuestas, ese era Don Nicasio. Un buen capitalista, hecho y derecho, con su capital debajo de los brazos y unas ganas locas de meterlo en la empresa que se preste a generarle más dinero. Ese era Don Nicasio. Luego de años de vagar en el desierto se le ocurrió una idea genial. Fábrica de paraguas.
Eso. Fábrica de paraguas. Se viene el diluvio universal, así lo anunciaban, con grandes marquesinas. A Noé le pasó y tuvo que salvarnos a todos. Ahora es mi turno, se relamía Don Nicasio. Una llamada a sus inversores en Londres y en dos meses la fábrica estaba montada. Un pequeño recordatorio: Don Nicasio es tan millonario como Bill Gates. Tal vez más, es un hombre humilde cuando se trata de exponer sus fortunas. Siempre se negó a aparecer en la revista Forbes porque no es su perfil. Don Nicasio es un tipo de entrecasa, un hombre de desierto. Diez años en el desierto del Sahara lo atestiguaban. Ahí mismo tenía montado su Bar del Desierto. Las ganancias del emprendimiento eran nulas, pero ¿quién iba a cuestionarlo? En Londres había gente capaz, gente con más cerebro, gente que evitaba que perdiera dinero a costa de dejarlo en paz con sus negocios arriesgados. 
Don Nicasio no era cualquier persona. Era un millonario con suerte. La vida tenía sus maneras de hacerle llegar el mensaje equivocado. Y así es como él creía estar en lo correcto. Hasta las últimas consecuencias. Y también con la fábrica de paraguas en el desierto. No vendió uno solo. Ni un cliente. Tampoco llovía demasiado por esos lugares. El diluvio universal no llegó. Los paraguas ahí quedaron, guardados, para una mejor ocasión. 

lunes, 10 de julio de 2017

Día 1143: Recordatorio

Y es lo que todos dicen. Una enredadera mental. Vienen las palmadas. Atrás las felicitaciones. Nacimos para la insolencia inconsecuente del planeta Verga. Para que prevengan la insolación. Nos asfixiamos en nuestra propia desesperanza. Para que les conste. No es tanto la sensación. ¿Cuál es el abrigo verdadero?
Desistan del sueño. A veces la caída es fuerte. Y cada muñón duele. Es el lugar apropiado, pero vamos a negarlo. Somos negadores olímpicos. Nunca va a estar la sombra ahí. Sé que va a doler. La herida es lo que se abre más o más. Tanto abierto puede estar los cortes que nos hacemos.
Cofradía de lo inesperado. Lunes nocivo. Nos desplumamos ante el menor esfuerzo. Espuma de cotillón. Y no dejar de nacer, ni un instante. En repetido, como fotocopias. Que peguen una en mi culo, que ese asunto está perdido.

domingo, 9 de julio de 2017

Día 1142: Es la gracia

Ese costado no nos importa. El otro menos. No vimos el sol hasta que nos quemó las pestañas. Abrimos el espacio, el surco, entre aquello deseado y la esperanza trunca del ladrón. No jodan al jodedor. No. Estamos para solucionar problemas. Eso dicen. Solucionadores. Las ideas pueden ser cosas o imágenes. O no. A veces nos negamos a los ojos.
Ellos quieren ver en mí algo diferente. Buscan seguir algo, y me convierten en el perseguidor oficial de la realidad. Algo así. Querrán vernos caer. Es la gracia del que pierde, y del que gana. Todos caen. Hay un pozo diseñado para cada uno de nuestros cuerpos. Es la gracia.

sábado, 8 de julio de 2017

Día 1141: De lo autocumplido

Estuve a punto de cometer un crimen. Lo evité con mi talento precognitivo. Ya saben, anticiparme al resto, incluso a mi mismo. Se sorprenderían al descubrir lo inútil que puede llegar a ser. Pregúntenle a Tiresias. O a Casandra. No hay peor sordo que el que no quiere ver. Lo que viene viene y nada puede evitarlo, ni siquiera una mente preclara. Volvería en el pasado para cambiar las cosas, eso si. Me arrepiento de todo.
Debería anular las reglas de las probabilidades. Esas que dicen que tal vez maté a alguien, o no. Lo hice, y punto. Aunque solo fue una idea. Puedo tener tantas ideas. No se imaginan. Una vez hice que un perro se haga pis encima. Me gusta lo sádico. No quiero sufrir más. Ahora le toca al resto. Será por eso que mi cabeza precognitiva se prepara para un asesinato. Se viene algo que va a descargar dos o tres balas sobre el cuerpo de otro. Ese algo soy yo.
Y acá viene lo increíble. Las acciones, lo que hice al respecto. Me encerré para evitar lo que sabía que iba a hacer. O sea, matar a la persona que se suponía que iba a matar. Las horas me carcomieron la paciencia. Luché con mi claustrofobia mental. Casi estuve a punto de perder los estribos. Logré el control antes de que todo se fuera a la mierda. Observé mi reflejo en la ventana. Y así me encontré con mi futura víctima. 

viernes, 7 de julio de 2017

Día 1140: ¿Cuál es la verdad?

¿Cuál es la verdad? ¿Tengo que morirme para saberla? ¿Es acaso una consecución de hechos inconexos? Para qué la deseamos tanto? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para tapizar quizás los pasillos del Taj Majal? ¿Para adormecerme un poco más en el suave fulgor de la muerte? ¿Para qué pregunto? ¿Por qué insisto? ¿Es mi verdad la verdad? ¿O es una mentira coloreada con colores verdaderos? ¿Es ilegal? ¿Podré trascenderme sin la necesidad de la invocación, sagrada invocación? ¿Tengo que sumar mis preguntas a las preguntas? ¿Por qué insisto? ¿Por qué la necesidad? ¿Por qué ésto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué el final tiene que ser el abismo de la incertidumbre? ¿Por qué no hay principio? ¿Dónde ubicar las reglas de lo desconocido? ¿Cuál es mi límite? ¿Dónde queda mi exceso vital? ¿Cuál es la verdad?
No lo sé.

jueves, 6 de julio de 2017

Día 1139: Espiralado

No quiero odiarme. Es el estado de las cosas que pone así, quisquilloso, poco tolerante, tal vez insolente ante el pesar de la galaxia. Lo mio es nada. Algo para molestar. En esa piel no me siento cómodo. Existe un límite que no conozco, que no varía, que es invisible a mis intentos. Tendría que ser expuesto, confinado al eterno sufrimiento. 
Podría controlarme un poco más, si eso estuviera a mi alcance. Así no funciona. Los mecanismos giran. El reloj y su contorsión. Inevitable. Así y todo decido no quererme. Abro paso entre las olas y trago el vientre del mar. Creo en la razón justa del suicidio. Un momento justo para decir basta.
También hay más. Asuntos sin explicar. Tal vez una resurrección en el tintero. La moneda de cambio que somos todos. Y algo para agregar. Siempre. Siempre. Aunque el tiempo sea otro.

martes, 4 de julio de 2017

Día 1138: Matriz de tiempo

Rompería las ventanas. Quizás un incendio sea la solución. En ese laboratorio, ahora lo sé, operaban niños. Le metían cosas en la cabeza. Fue horrible. Y no pude hacer nada. Cuando la guerra terminó tuve que huir para no terminar metido en un juicio por mi complicidad con los criminales. Volví a casarme, tuve hijos, incluso conseguí trabajo. Nunca pude dejar el remordimiento atrás.
A la noche, en vez de dormir, pensaba en toda las acciones que hubiera hecho para liberarlos. Pero no lo hice. Y eso es que importa. Estuve un poco más tranquilo el día que me enteré que colgaron a mis jefes. Se lo merecía, es verdad. ¿Tendría que haberlos acompañado? No lo sé, son preguntas que aún me incomodan.
Capaz que por eso se me ocurrió intentar que sus almas sean libres. Tenía un plan de escape. Las ventilaciones eran los puntos débiles del complejo. Si puedo abrir una de las tomas, quizás los pueda sacar. De a poco, en la noche. Para que no se den cuenta.
La primer parte fue sencilla. Esquivar los puntos de control, no tanto. El recinto tenía cerca de treinta cámaras de seguridad y quince guardias, dos o tres por piso. Luego vendría el sigilo. Quizás en un punto deba matar a un nazi. No importa, ellos mataron a unos cuantos. No es el problema. Los sacaré uno a uno por una puerta que da al fondo del edificio. Así hasta llegar a la totalidad de internados. Algunos morirán en el camino. Los más sanos recordarán a su salvador para toda la vida. Podría dormir un poco más, aunque para eso necesitara una máquina del tiempo.

lunes, 3 de julio de 2017

Día 1137: Carga

Comunión. De negra muerte. Barca que lleva cuerpos. Guarida de espejos. Miento. Digo lo que es. Guardo para mejores tiempos. Y si veo lejos la condición nublada voltea mi cerebro. Nadamos sin una conciencia a la cual lamentar. Porque perpetuos movimientos doblan las velas de mi barco. La indiferencia en una letra de canción, el púlpito genocida, acusador. De la espina clavada vuelta a clavar. No es el momento ahora.
Tamiz de la realidad. Un tono al costado. Acólito. Villano. No más lágrimas de rencor. Para lo que somos y lo que fuimos. Predicciones mediante. No es la soga lo que tira. Allá camina el alma, y lo que viene detrás también. 

domingo, 2 de julio de 2017

Día 1136: Sin tinta

Todas las mañanas nos acercan a la muerte. Un poco más cerca. Somos un poco de eso que los días que pasan. Nos erosionamos sin el despecho de los que nos preceden. Odio para la cosecha. Un mundo de interrogantes gira. Abrimos portales para divertirnos. La droga nuestra de cada día.
Al monte se conducen los besugos. Costa para arriba. Barco tira la soga. Disecciona el lazo. Cuántos tontos deberán arrojarse al precipicio antes de que alguien diga basta. Contaminación humana.
Estuvimos aquella noche con el estiércol de nuestro lado. Con las muertes, con las cuentas despedazadas. Con la poca importancia de la especie. Y qué se yo. No hay tinta. La historia quedará así.

sábado, 1 de julio de 2017

Día 1135: Pregunta roja

Detengan la maquinaria, no vamos a hacer más billetes. Que la sufran los de arriba. Nosotros, los castigados, marchamos. Porque dejaron la puerta abierta. Y así es fácil escaparse, cuando la sensación de libertad acogota. No culpen al mono, ese pobre ascendiente que solo puso la firma y no se hizo cargo. Vergüenza de la especie, para qué cagar más la cosa. Tiren al puente lo que no sirve.
Siempre volvemos. La pregunta insistente. Qué hacer cuando muera el sol. Cuando la oscuridad sea la respuesta. Nosotros, los hombres, los que sostienen el látigo, le damos la espalda al mundo.
Acatar muchas órdenes no nos más humanos. En el error está la distancia. Valdría poco arreglar el asunto. Tener coraje aunque no alcance. Cambien la medida, el tiempo es ya.

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