martes, 4 de julio de 2017

Día 1138: Matriz de tiempo

Rompería las ventanas. Quizás un incendio sea la solución. En ese laboratorio, ahora lo sé, operaban niños. Le metían cosas en la cabeza. Fue horrible. Y no pude hacer nada. Cuando la guerra terminó tuve que huir para no terminar metido en un juicio por mi complicidad con los criminales. Volví a casarme, tuve hijos, incluso conseguí trabajo. Nunca pude dejar el remordimiento atrás.
A la noche, en vez de dormir, pensaba en toda las acciones que hubiera hecho para liberarlos. Pero no lo hice. Y eso es que importa. Estuve un poco más tranquilo el día que me enteré que colgaron a mis jefes. Se lo merecía, es verdad. ¿Tendría que haberlos acompañado? No lo sé, son preguntas que aún me incomodan.
Capaz que por eso se me ocurrió intentar que sus almas sean libres. Tenía un plan de escape. Las ventilaciones eran los puntos débiles del complejo. Si puedo abrir una de las tomas, quizás los pueda sacar. De a poco, en la noche. Para que no se den cuenta.
La primer parte fue sencilla. Esquivar los puntos de control, no tanto. El recinto tenía cerca de treinta cámaras de seguridad y quince guardias, dos o tres por piso. Luego vendría el sigilo. Quizás en un punto deba matar a un nazi. No importa, ellos mataron a unos cuantos. No es el problema. Los sacaré uno a uno por una puerta que da al fondo del edificio. Así hasta llegar a la totalidad de internados. Algunos morirán en el camino. Los más sanos recordarán a su salvador para toda la vida. Podría dormir un poco más, aunque para eso necesitara una máquina del tiempo.

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