miércoles, 19 de julio de 2017

Día 1151: El padrino

Rescindí el contrato. La vida me hizo una oferta que no pude rechazar. Fue salir al baldío. Fue empaparme hasta las rodillas. Fue hacer caso omiso al hambre, a la sed. Fue lo que tantos hombres desean y tan pocos tienen. Fue la investidura de un vagabundo que me increpa en la calle con su aliento seco de vino tinto barato. Fue la voz de mi madre que decía, entre tantas otras cosas, que me cuide del frío y la merca. Fue el silencio que cauteriza la herida antes de la muerte definitiva, que la oleada de mierda no me toque la cabeza. Fue perderme en la torcedura de las reglas para salir a flote hecho cadáver. Fue la contribución de los espíritus a la causa. Fue beber del pozo seco aunque solo de bebida trague barro. Fue consolarme en el peor momento, de la mentira del todo está bien al se hace lo que se puede. Fue conquistar el abismo de la patraña filosofal, escarnio de mentes, trituradora de carne. Fue como la alineación de algún equipo ganador se filtraba en nuestros recuerdos. Fue la vida con su culpa y la tendencia, estupida, de explicarlo todo, aunque no sea nada.

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