miércoles, 26 de julio de 2017

Día 1157: Traspaso

Astuto el anciano. Viejo taimado. Me puso a observarlo, con ese ojo maldito, azul. Quiso que repita toda la perorata del cuento de Poe. Un corazón para delatarte, un órgano alcahuete. No dejé que siguiera demasiado con esa historieta. Lo maté antes de que diga algo respecto a mis sentidos aguzados. Una boludez. En realidad quería callarlo. No paraba de hablar y hablar.
Aún su voz muerta se exprime contra los recuerdos de mi cabeza. Es peor que confesar el crimen. Ni siquiera sé como silenciarlo. Es un fantasma molesto. Para callarlo tuve que matarme. Fuimos dos fantasmas golpeando las tablas. Tablas que delatan. Ectoplasmas buchones. Nada de corazones. Las personas desoyen estos llamados.
Así que al viejo lo seguí a la otra vida, que es un poco lo mismo que cuando respiraba. Nada más que acá, en el otro mundo, él calla y yo hablo. No paro de escribir tonterías, y tampoco de decirlas. Hablo sin parar, como si el aire fuera vida. Vida que se me escapó, vida que ya no tengo. Y el viejo sonríe, viejo estúpido y taimado. Él sabe que me contagió su alma, y estas cosas no, estas cosas no se quitan.

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