jueves, 31 de agosto de 2017

Día 1184: Alguien tuvo razón

Vamos por los rincones y nadie sabe de dónde sale. Es un presagio vencido. Para presentarnos a la novia del mañana o el plato del mes. El sueño hecho pedazos para que el colon digiera mejor el fracaso.  No callen a la memoria en la confusión de los ojos cerrados y las bocas abiertas. La tierra en la lengua, el sabor de la piedra y el desperdicio. Acá somos la crisis.
No me asombro en el desvelo de la idea. Es un carro del que a veces tiramos y llega el camino con el destiempo del propósito no planteado. A veces lo opaco es una opción. Y pasar los minutos sin las regalías del glamour puede ser una verdad de tantas. No debería sorprenderme.
Aunque sí lo sea. Sí a la inversión aleatoria de hechos, una bola ocho de efectos creativos, mi propio aleph, Maestro y Vainman. Ese es el criterio de la palabra. Y no existe nada más santo que la ausencia de Dios. Ese vestíbulo vacío espera, y nos queda bien.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Día 1183: Intercambio de ideas

Edelmiro viajó a la capital con un solo objetivo en mente: cambiarse el nombre. Mentira, tal vez compraría algunos dólares, y también uno de esos celulares inteligentes. Acá en el campo no hay emoción, solía decirle a su padre, mientras estiraba la ronda de mates con los ojos perdidos en vaya uno a saber qué. A Edelmiro le consumía el cerebro pensar en la gran ciudad. No dormía, tampoco trabajaba. Era una carga para su familia. Así y todo no dejaban de quererlo, por eso lo enviaron a la capital. Para que se despabile.
Unas vacaciones forzadas, diría mamá. A ver si sienta cabeza. Que se baje de las nubes, decía su hermano mayor, un hombre de tambo, con el temperamento suficiente como para parar a un toro con la mirada. A Edelmiro la ciudad se lo comió. Cayó en mal día, en mala hora, en mala época, mal todo. Apostó un pleno a la ruleta del destino y salió mierda.
El comandante Glorck planeó por siglos la visita. Tenía su discurso estudiado. Acá las colonias. Allá los esclavos. Todo al detalle, nada que se escape a sus cuatro cerebros. El visor de campo magnético indicó las coordenadas para el aterrizaje. Era una ciudad populosa. Mejor así. Un planeta no se conquista en un mes, si no lo haces en menos de una hora, no servís para eso, algo así era el dicho de su abuelo, Afork el conquistador. Al abuelo se le daba bien eso de conquistar planetas.
Edelmiro oservaba con incredulidad la nave que aterrizó justo enfrente suyo. Debe ser un agente de turismo, pensó. Una estela de humo brotó del mecanismo de apertura de la rampa de salida. Un sujeto verde sostenía un papel entre sus dedos, o tentáculos. Parecía explicar algo. No, es una oferta para comer. Papá le advirtió acerca de los extranjeros. Son todos comerciantes y ladrones. ¿Así lo dijo? ¿Comerciantes y ladrones? ¿O era ladrones y comerciantes? No importa. Ante todo defendete hijo. Tenés que defenderte. Demostrale que sos de campo pero no boludo.
El comandante Glorck desenrrolló el papel que contenía su discurso preciado. Aclaró una de sus dos gargantas y balbuceó con la grandeza de un emperador de grado ocho. Oh, terrestres, admiren el poder de nuestra civilización, asuman lo peor, no hay escape, y otra suerte de frases comunes expresadas en un confuso idioma de cincuenta años luz de distancia. El terrícola se acerca, un súbdito, dijo el comandante Glorck, acerca, acerca, hombre. Y se acercó.
Tal vez demasiado cerca. Sus miradas no fueron capaz de sostenerse. Edelmiro lo fajó lindo al extranjero. Que viene a su capital a comerciar y robar, o a robar y comerciar. Debe ser un senegalés, por eso el color de piel. Un poco verde, es cierto. Pero todos sangran igual. Una piña, dos piñas, tres piñas. No más piñas. El extranjero no ofreció resistencia. Las personas que pasaban por ahí poca atención le prestaron, ¿a quién iba a interesarle un encuentro cercano del primer tipo a esta altura del día?

martes, 29 de agosto de 2017

Día 1182: Blanqueo

Ya no sé lidiar con la página en blanco. Que el vacío me pase por arriba. Sé de las mentiras de la tumba. Sé del cuento asombroso que nos contaron para vendernos el frío. Volver a contar la misma historia. Del mismo modo. Y aburrir o sorprender en el instante de la aprobación. Ardería en el infierno si existiera.
Por que la vida me enseñó a ponerme serio. A desechar el payaso por temor a un contagio cerebral. Dejar que el flujo drene para que aprenda a ser un mejor silencio. Una mejor persona. Un monstruo con algo de insolencia por lo que va a venir.
Aturde el pozo seco. El ciego paso del tiempo. Un erguido viejo conocido. Tiene la fuerza para acabar con esto. Pero no quiere. Prefiere estirarla. Un poco. Hasta que deje de ser necesario. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Día 1181: Quiero ser un viejo de mierda

La poesía ya no vive en mí. Estoy tan muerto como ese cadáver que se animó a dejar de respirar. Ya no vivo el entusiasmo de aspirar oxígeno. No quiero anécdotas de salir ni los vómitos del alcohol en mi sistema. Ya no quiero la droga. No quiero nada. Mi ofensa al mundo ya quedó atrás. Estoy sentado en las faldas de la burguesía y me sienta bien el pelotudeo de los años. Puedo aventurarme en la previsibilidad de mi ser y los organismos deficientes de esta sociedad.
Estoy listo para patear el balde. Quiero ser viejo. Deseo el bastón y la arruga. Denme una cara de culo que orgulloso portaré. Voy a quejarme de todo hasta quedarme sordo. Voy a consumir otra clase de drogas que laven mi cerebro y acomoden mis pasados excesos. Voy a ser tan ordinario como la jubilación me lo permita. Voy a quemar todos los libros y haré del Alzheimer mi bandera.
Quiero hacer la cola en el banco y hablar del tiempo. Quiero quejarme tanto hasta enmudecer y mearme los pantalones encima, así olvido lo que es la vergüenza. Seré el viejo cualquiera, el odioso, el innecesario, el petulante. Voy a morir dentro de mí mismo. Voy a decir que mis tiempos son mejores aunque haya olvidado que era la misma mierda. Voy a abusarme de los jovenes porque puedo. Quiero ser un viejo de mierda. Y así mierda va, todo al mismo lugar.

Día 1180: Segunda edad

La gracia de aquellos tiempos en que estaba todo por descubrir. Nuestra inocencia y el arrogante estímulo de las pastillas. Nos corrimos a un lado. No siento las piernas. Estoy atado a la cadena de la vida. Comer y ser comido. Depredadores. La ansiedad quiere tomar el lugar. Convide más de la decepción.
Vean que tan sucio puedo ser. Como la esperanza me confunde. Eso que hace de mí algo único. Voy a pasar de largo. La noche larga. El frío absorberá mis propuestas. Para el que me necesita estoy ocupado. Pediría el mundo antes de caer en las manos de la nada. Cuál sería el propósito del despropósito. Los minutos eternos.
Consagraría la vida si valiese la pena. Un eje abyecto quiebra las ruedas de mi carreta. No puede ser el fin. No puede ser tanto para poco. Creo así que mi juventud se fue por un pozo. Sin solución. Un momento de claridad. Y el bosque detrás.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Día 1179: Valentía

Debería sentir el peso del augurio sobre mis hombros. El descontento de la especie con lo que todo ser humano presiente ese final tan inevitable. Vivimos aterrados en la posibilidad de que todo ocurra al mismo tiempo. Nos perdemos tanto en eso. Creer el peso. La carga. Albatros al cuello.
Nuestra tragedia. El corazón que se rompe en cada minuto dedicado a existir. Un código repetido, ingresa mal, no sale de ese abismo en donde nos metimos. Y la pregunta es la misma. El disfraz es el mismo. Todo es lo mismo. Todo da igual. Acrecentaría con culpa mis ingresos y la vergüenza de ser uno más que falla.
Seré el que vele por mi suerte. En un paisaje negro dibujaré el silencio. Una cruz rota. Inservible. Pondré la vida en su lugar. Y la muerte. Y todo lo demás. Y esperare a que caiga el cielo sobre mí. No tengo miedo.

martes, 22 de agosto de 2017

Día 1178: El sabor de la palabra

Con la rúbrica del poderoso nos erigimos en señores de la mierda. Lo saben, es algo que sabemos. No quieran santificar el sitio donde el demonio caga. El resultado está en todas partes. Puertas y ventanas, paredes y bisagras. Saldría disparado hacia cualquier lugar con tal de mantener la inercia.
La muerte y sus oídos, lamentos multiplicados. Una cuenta y el olvido de una raza, tal vez el motivo de otro conflicto. Uno esperado. Nuestra ración de esperanza previa a la caída. No quiero mentir más de una vez. Estaría en el tren, arriba, en la confusión de las voces. Nadie llama.
Este momento, un cofre de errores. La manta sobre el altercado, crimen final. No pedirán más, esto es satisfacción, con todo lo del medio. Para mejores propósitos anulen la orden. Entre los aduladores me coloco mejor y la cuenta de muertos por venir. No será más de lo mismo. No será la misma mierda. O tal vez sí.

lunes, 21 de agosto de 2017

Día 1177: Cabina

Esta persona tiene conflictos. Se llama Alberto. Le gustan los chicos y algunas personas lo tratan de puto. Se crió en los ochenta, con Madonna y Roxette. Alberto puede parecer muy heterosexual si se lo propone. A veces enamora mujeres solo para divertirse. Lo llama a eso retribución. Y otro detalle: Alberto es adicto a Cthulhu.
En el fondo de su casa tiene montado un tempo en el que se consagra a la devoción del único Primigenio, el verdadero, ese que conocía tan bien Lovecraft. Alberto ama a Cthulhu. Alberto idolatra a Cthulhu. Lo hace con tanta fuerza que nadie se le anima a decirle que todo es una mentira escrita en un libro destinado para personas con problemas mentales similares a los que él tiene. Y nadie se anima a decirle, sobre todo, que es puto por culpa de Lovecraft. A decir verdad, nadie quiere a Alberto. Sus conocidos lo tienen por una persona quisquillosa, un manipulador oportunista, puto por definición, pero con mal espíritu. 
Pero nadie lo entiende. Alberto es un sujeto deprimido, con una madre controladora y un padre ausente. Se crió solo con un libro de tapas negras con un pulpo verde y gigante. Cultivó fantasía y cosechó una amalgama de realidades. Su culto secreto lo encaminó de a poco al suicidio. Y así sucedió. Cuando el llamado se hizo sentir, ocurrió. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Día 1176: Disculpa

Soy frágil y pido perdón. Porque la carne me tiembla, porque la debilidad me inunda en los costados y no puedo salir a flote. Porque nada. Mi capricho a veces se hace fuerte. Somos en modos parecido, aprendí por el lado duro. En la pena que abriga mi temor a ser algo más que una tuerca perdida en el engranaje. 
Volvería a ser joven esta noche. Pero en la mentira me quedo dentro. Veré luz antes que oscurezca. Mi vida será un desierto donde puedo beber. No vuelvan sus corazones a mi insistencia. Pronto sé que la mentira muere y con eso me voy. Adonde sea.
Soy humano, o es lo que creo. Nací reo y así quedé. Porque no puedo demostrar el truco. Porque siempre va a haber algo más. Y este escape a veces será suficiente. A veces será.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 1175: Liebre

Abran la compuerta. Allá los sentimientos. Acá la nada. Voy a restaurar la paz. Firmé el acuerdo, y ellos que sientan el problema. No supimos ser más. Es la sensación cobarde que nace de la garganta. Si la muerte fuese muchas caras.
Y ese paso gigante, en el que todos fracasamos, no es engaño, no es desilusión. Es más de lo esperado. El pendulo que ciñe por sobre nuestras sombras. Es agudo dolor, falso camino.
Volvería amaestrado si de llevar narices este cuento se tratara. Una aventura de las de verdad, con sueños para regalar. Al inocente erguido encima de la montaña de huesos. La idea es una cadena. Todos corren detrás del premio. Unos pocos delante.

martes, 15 de agosto de 2017

Día 1174: GPS

Andarían a pie los rumores de mi inteligencia. Alguien me hizo idiota de algoritmo por defecto. Nadie vendría a pensar que en esta cabeza anidan algo similar a una idea. Culpen al padre, al señor y al espíritu santo. Culpen a lo que comemos. Culpen al mono y la viruela. Culpen a los indolentes que se agolpan a las puertas de las casa pidiendo una explicación sencilla del mundo. Culpen a las puertas que se niegan a ser abiertas. Culpen a la cerradura. Culpen a la llave.
Asimismo valdría una mierda la opinión del que no la tiene. En ese intríngulis varía la cosa de negro a eterno. Volvería a su cueva si lo dejaran. En el corazón de la soledad anida el cartílago de nuestros pasos. Donde la rótula deja de responder. Y el trabajo se hace tan tedioso como necesario. No vendrán tiempos mejores.
Detengan el carruaje. El motor fuera de borda que ahoga nuestros propósitos en vinagre y petróleo. Creo en la desviación de nuestra especie. Ahí estaré.

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 1173: Indefiniciones

Adivinanza para los primigenios. Conquista del universo al mejor postor. Para esa divisa perdida que los antropólogos del Wall Street descifran. No adscriban a la causa. La advertencia a la puerta de la Tierra. No entrar. Peligro de electrocución.
Rastrearé pedazos de cerebro, como un antropólogo del futuro que ya sabe lo que viene. El disparo, el craneo que se quiebra y la masa gris en el piso. Escena del crimen. Precaución.
Esos, los expertos. Con el corazón abierto, sangre abrasiva bombea núcleo. El brillo nos pertenece y se difumina. Que tanto vamos a seguir. Adelante. Atrás. Convocados en el espíritu de los tiempos. Van a decir lo que sea. Y es lo que es.

sábado, 12 de agosto de 2017

Día 1172: Debate

La ansiedad no va a a ganarme. O sí. Todos llevan la delantera menos yo. El hambre, el desamor, los sueños, todos en ventaja. Con pastillas o sin ellas, atrás. El tren de cola. Volvería a mi casa si hubiera luz o algo para merendar. Porque allá pasaron cosas y son fantasmas los que ahora quieren mis huesos. Por algún minuto podría sentirme vencedor.
Una costra empaña la ventaja. El pasado está ahí, grabado, sucio, sin alterar. El eco de mi palabra. Y todas las cosas que me atropellan. Mi muerte será el silencio. Por que lo demás viene después. Y ahora quiero. Porque nada brilla ni oscurece.
Y con todo el octanaje a cuestas el auto a mitad de camino. Debería exceder la velocidad, contradecir la norma. Puedo acariciar el ruido, pero no me propongo ser algo, la nada me convoca.

viernes, 11 de agosto de 2017

Día 1171: Moneda de cambio

La muerte es ilusa y cree en la sobrevida. El admirable suceso, final, inequívoco. Para drenar lo mejor, lo peor, lo igual, en un algoritmo que resiste al espectro de los tiempos. Asuman lo que quieran, ya no estaremos para presenciar las consecuencias. La heladera abierta, el corazón vacío, aire en los pulmones y un arma cargada.
Amaré con retraso por la capacidad de la falta. Por el silencio de nuestra promesa. Este tren ya anda sin vías, es una coraza que se resiente. Y la pregunta que choca, ¿será lo suficiente humano para albergar la culpa?
Nacimos sin puertas, con las ventanas cerradas. Un proyector apagado emite la luz. Hacia la pared. Blanco confín del encierro. Cometí el crimen imperdonable: la palabra organiza mis actos y dejé que escape de mi boca.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 1170: El ocaso de la República

La tontería paga. Tiempos de valores en alza. A este tonto lo conocemos. Fue a comprar un alfajor a una carnicería y lo miraron raro. Sacó un revolver y los mató a todos. Menudo tonto. Esa misma persona que más tarde encontraron en su casa con las líneas de Nazca dibujadas en sus venas. Desde entonces la policía lo busca. Para el aparato legal del estado es un prófugo, para algunas personas se convirtió en una suerte de héroe retorcido. Acorde a los patrones de nuestra sociópata sociedad.
Desconocemos su nombre, pueden llamarlo Carlos Z. El señor Z, como su apodo, se creía lo último de lo último. Famoso en su contenido como el benemérito orejón del tarro. Inspiró a niños con su historia. El pueblo quiere un alfajor y el gobierno se lo niega, aclamaban los diarios. Libertad a Carlos Z. El hombre, que nunca estuvo en la cárcel, parecía muy contento con este apoyo de las masas. Decidió montarse un partido político. Ganó las elecciones. Nadie sabe cómo. Cosas que pasan.
Así, desde el gobierno, Carlos Z. promulgó el exterminio de las razas y los pocos que quedaron lo vieron a eso muy bien. También incendió edificios. A nadie le preocupó. Dicen que una vez se metió dentro de la casa de un hombre y violó a su mujer. A Carlos Z. lo querían mucho.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Día 1169: El brillo del sol

Velar por la seguridad del continente es su trabajo. Son implacables. Pueden dejar un agujero a una paloma que pasa a unos veinte kilómetros. Precisos. El secreto mejor guardado. Brazo armado del Estado, ¿quién quiere un abrazo?.
Desde entonces supimos lo que venía. El cateo definitivo. Pueden matar porque pueden. Porque quieren. Les gusta. Asumen el deseo como ese punto inacabado. Propio. Desde ese rincón se construyen.
Nos van a tirar a todos abajo. En la cima. Allá arriba deciden. Cosas arbitrarias, cosas sin sentido. Porque pueden. Porque quieren. Y del otro costado nosotros. Figuras, gotas, semejantes. Nadie nunca entendió el brillo del sol, y acá estamos.

martes, 8 de agosto de 2017

Día 1168: Menos es menos

Comer para parecer gordo. Aburriría con este incentivo alimentario. No hay fronteras en el cuerpo. Es carne y hueso, cartilago y alma. Entre medio la viscera, sangre, ojos, manos y un órgano inútil a punto de fallar. Una predilección anatómica pone en riesgo la especie. No duden del mensajero. La muerte viene en forma de aguja.
Para los que inocula el veneno le trae la cura. Es receta de pobres que conspiran en la sombra contra los intereses de unos pocos. Perder la nada y quedar en negativo. Volverían al enojo si eso fuese suficiente. Callen y hagan ruido. Volar, caer, girar y tomar el desvío. Un avión prendido fuego nos señala el rumbo.
Las fuerzas de élite son la esperanza de lo que no tiene y carece. En la falta nos regodeamos, sastres sin costura, magos de conejos confiscados, arco iris sin colores. Tiempos para nosotros. Lo que toca y lo que señalamos. Acá están. Pasen.

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 1167: Semilla

Reniego de todo lo que tiene peso. La gravitación de la Tierra me tiene atado al delirio inconducente, la pétrea convicción de perderme en mí mismo antes de encontrar la solución. Abriría un cuchillo contra mis venas si supiera la razón. Es la insistencia lo que me mantiene vivo. No vería la luz si fuera tan necesario.
Para repetir el loop, una cadena de hechos dado vuelta. Puedo alabar la arrogancia del error con la soltura de un elefante. Puedo estar toda la noche. Con la cultura del aguante. Con el frenillo roto de tanto quebrar la lengua.Y esos niños que ahora no señalan pero que sienten tanto como uno, adulto, roto, quebrado.
Volvería al tiempo, volvería a mí mismo, esa fuente inagotable de recursos. Me copiaría para parecer avanzado. Para ser chico, para mirar al mundo con sorpresa. Para maravillarse con lo normal e idear lo eterno. Así, eterno, natural, puro.

sábado, 5 de agosto de 2017

Día 1166: Se va

Van a gustarme los latidos cuando los sienta. Mientras tanto me quedaré en la comodidad del rigor mortis. No se preocupen, a lo malo me acostumbro y se vuelve bueno. No debería decirlo, no es lo correcto, pero a la noche de los tiempos, quién sabe lo que puede ser correcto. Nadie sabe. El cotilleo de la especie mata y envilece, pero no escuchen. Allá los rumores y acá el corazón. 
Testigos de otras adulaciones, cartón de la intriga. Alteraría el orden de los productos con tal de ver otro resultado. Pero lo mismo ocurre. Obsecuente científico que está ahí y no se detiene. Una maquinaria abandonada para la mejor ocasión que nunca se presenta. Seamos leales. 
Tendríamos que detener el tiempo. Para cuando digan algo sin sentido. Para cuando el orden provenga del caos. Para cuando deje de preocuparme. Y el tiempo sea aire.

Día 1165: Amor o muerte

Mi corazón está comprometido con las estrellas. Aluciné el horizonte y me perdí en el recodo de los sentimientos, esa vieja calle con veredas flojas. Mis manías son al amor la indolencia del sentido práctico. Y el pésame más profundo de mi hígado que no para de hacerse mierda. Porque para el alcohol soy el experto que la vida nunca tuvo. Atravesé ventanas, prendido fuego, desnudo. Sincero.
Me acomodé a las expectativas. Mi cariño es siniestro e innecesario. Soy el espejo volátil que nunca mira, el acusado de matar el tiempo con un reloj. No vuelvo de la experiencia ennegrecido. Donde las pérdidas se recuperan y los sueños recaen. Mi envoltura será el absoluto, un caramelo pegado por el sol a punto de ser digerido por la gran mancha de Júpiter. Mi punto será demostrado, o quedaré como mentiroso. Amor o muerte. Que sean las dos.

jueves, 3 de agosto de 2017

Día 1164: Sustantivo

Fue una noche en la que dejé de llamarme Carlos. Querré ponerme un buen nombre, Juana, tal vez. Viviré como cangrejo, tal vez me convierta en un octópodo de furia asesina. Las posibilidades son múltiples. Valdría mi glorioso tiempo un centavo. Porque así como mutante soy eterno. Una suerte de maestro del disfraz, aprendiz de brujo, ninja experto, elegido para todas las batallas, gordo y sucio, ladrón de videojuegos.
Perdí el brillo con el nombre. Carlos sonaba lindo. Genérico, pero lindo. Podría haber escrito una novela. Se imaginan. Un título rojo: Novela X, por Carlos H. Nadie me va a querer como Juana. Voy a terminar tan solo como la criatura de Frankenstein. Al menos me queda la diversión de haber experimentado algo diferente. Un cambio de polaridad.
Desprendan sus conclusiones. Es tarde. Para mí. Para todo. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina. En un suicidio. O tal vez en el fondo de una botella. Curioso. El fin suele ser curioso. Para mí. Para todo. No dejen sus sueños atrás. O adelante. Qué se yo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 1163: Desproporciones

Mi libre albedrío tiene las horas contadas. Voy a casarme con un orangután para tener pequeños gorilas que me saquen toda la guita de la yugular. Quiero deberle la vida a mi trabajo, a los vecinos y a la prostituta de mi ex que me exprime los huevos con una multiprocesadora. Con el parche roto y la guitarra destemplada puedo ser el hombre orquesta si me lo propongo.
Van a hipotecar las cenizas de mi casa mientras me ponen la corona de clavos oxidados sobre la cabeza. Sonará por siempre el coro de demonios desafinados en mis oídos mientras un gato araña el pizarrón. Después va a llover mierda del cielo por veinte siglos a partir de ayer.
En ese futuro seré abrazado por un puerco espín, flagelado por un vendedor de seguros y escupido por una abuela. Mi madre va a morir de un infarto y mi hija va a quedar embarazada de un cantante de una banda de punk con cinco seguidores en Instagram. Voy a perder todas las reservas del banco, un pésimo amante, un padre ausente. Seré todo lo necesario para cagarla. Allá va mi libre albedrío.

martes, 1 de agosto de 2017

Día 1162: Proporciones

Estoy camino al estereotipo. No van a decir que fue un logro. No quieren empañar la mentira con la verdad. Volveré al camino con el estómago resentido de tanto comer cable. Morir no es vida. Ya lo dije. El temor es un camino de ida, pero bien pavimentado. Nada se traduce con palabras.
Abriré la puerta indicada antes que la obsesión me gane. Cada portal es luz y noche. Negro y agua. Sucio, insuficiente. Nuestro catálogo de sensaciones no nos preparó para el final.
Allá el charco de sangre. La masacre. La carne sin espíritu busca un orificio, una caja, una palabra de recuerdo. Atroz se retuerce la lombriz antes de ser carnada. Será el anzuelo, el pescado, el veneno, la sobrevida. Y guerra en el interior de los mundos. Un abridor para las necesidades de los demandados. Tengan esperanza, aunque no sea suficiente.

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