viernes, 1 de septiembre de 2017

Día 1185: Allahu akbar

Nuestro presente álgido trae problemas de cola en el fuselaje. Se desprende aluminio a lo largo del camino y allá vamos rumbo a nuestro 9/11, con la alegría de un talibán en su ramallah. Me perdí la vida en el cielo, consagrando mi oración a los dioses falsos, a los que ningún edificio tiran, ni a los que incendian mujeres o trasgreden cultos ajenos. Mis dioses decidieron irse de vacaciones por un tiempo. Dioses falsos.
Quiero que el avión se estrelle contra la inmensidad de la desgracia occidental. Porque es lo justo, lo más cerca al cero. Conviví con la hipocresía del reino de las sombras, que vive de la luz a hurtadillas. Voy a festejar mi cumpleaños en un MacDonalds aunque tenga que estallarlo. Voy a tomar Coca cola del pico aunque tenga que inmolarme al día siguiente. Voy a vivir rápido y a morir joven. Porque puedo ser un buen hijo de Alá y amar el fruto de la libertad, ser rebelde, de morir a mi manera, en mi ley.
Soy el transgresor que nadie quiere pero todos anhelan. Así el fuego de mis mejillas se consume más rápido. Extravagante son las circunstancias. Soy la estrella pop de la mezquita y mi pie santo en Tierra Santa va a ser tan sacrílego como la religión me lo permita. Este intento suicida no va a durar mucho tiempo. Sé que no.

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