martes, 12 de septiembre de 2017

Día 1191: Pelota de tenis

Dicen que la historia la cuentan los valientes. Bueno, no ésta. Tampoco es de las buenas. Una historia tonta, sin contenido, como lo que a veces pasan en la tele después de las dos de la mañana. Algo de relleno. El cuento versa acerca de una paloma blanca. Una paloma diferente, diríamos, cagando al lado, pluma a pluma, con sus compañeras, las grises. Las grises la miraban a la blanca, todas panzonas, llenas de semillas. La adoptaron, era el pensamiento de la bandada. 
En la terminal era la única que no cagaba en la cabeza de las personas. Es divertido, le decían a la blanca en su idioma de paloma. Es adictivo, aclaraba una gris más gorda de la cuenta. Esta paloma blanca a veces se ponía filosófica, sobre todo cuando el sol se iba. El atardecer las pone melancólicas a las palomas, tal vez el sol sea como su dios, no lo sé, habría que consultarle a uno de esos expertos en aves. 
La paloma blanca, la rebelde, la diferente. La señalada en las plazas. A esa la van a hacer cagar fuego, era el comentario de las más viejas, todas grises, obvio. Alguna marrón se le compadecía, sabían un poco esa cosa de ser raro. Pero eran más. Al menos entre ellas se querían. A la blanca nadie le daba cabida. Por rara. 
Nadie se puso en su lugar. Cero empatía animal. Capaz deberían haberle preguntado como se sentía antes. Lo podrían haber evitado. La paloma blanca se cagó en todos. Montó su propio espectáculo, una Roma en miniatura. Fuego. También hubo canibalismo, pero esa es otra historia.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...